Hielos de ultraderecha

 



Hielos de ultraderecha

Enrique Ortega Gironés

En un reciente artículo, publicado por el escritor Arturo Pérez Reverte sobre una reunión entre historiadores, políticos, cineastas, escritores y periodistas dónde se iba a debatir sobre la Guerra Civil, se criticaba la postura de algunas personalidades que se habían negado a participar. El autor del artículo afirmaba que el razonamiento elegido para declinar su presencia descartaba todo esfuerzo intelectual: primero llamas fascista al interlocutor y luego justificas no hablar con él porque es fascista (sic). Es inevitable que, al leerlo, no se encuentre un estrecho paralelismo con el trato despectivo que proporcionan los fundamentalistas del origen antrópico del calentamiento global hacia los científicos que dudan de que las actividades humanas puedan estar influyendo de forma significativa en el clima. Es decir, de cómo actúan los poseedores de una verdad absoluta respecto de los "ignorantes" que osan dudar. Es suficiente utilizar el apelativo de negacionista, para que huelgue la discusión por innecesaria.

Y no para ahí la cosa, porque en algunos casos se llega aún más lejos. Es un gran error confundir ciencia e ideología, ya que los princi­pios físicos y las reglas de la naturaleza no se rigen por criterios po­líticos. Es imposible dilucidar si la teoría de la evolución de Darwin, o la relatividad de Einstein son de derechas o de izquierdas. Sin embargo, los postulados científicos referentes al cambio climático han sido totalmente politizados. El poder de control que otorgan algunas hipótesis es muy fuerte y la tentación de arrimar el ascua de la ciencia a la sardina de los intereses económicos, políticos y sociales es irresistible.

Aunque no deberíamos sorprendernos, no es la primera vez que esto ocurre, ni mucho menos. Basta recordar por ejemplo los grandes debates ideológicos (tan politizados como los de hoy) que se mantuvieron a mediados del siglo XIX, cuando los pioneros de la geología desafiaron las entonces consideradas como verdades absolutas postuladas en la Biblia. Y aunque nos extrañe, lo que está ocurriendo hoy en día no es muy distinto de lo que ocurrió hace casi dos siglos, intentando prohibir publicaciones, inhibiendo la difusión de datos o cancelando conferencias de personalidades científicas de talla mundial, como algún premio Nobel. Y todo ello con argumentos muy similares a los publicados en el artículo antes mencionado: primero se llama negacionista al interlocutor y luego se justifica no hablar con él porque es negacionista. O, por extrapolación, atendiendo a las ideologías políticas que han adoptado una u otra postura, se le califica simplemente como fascista. Es posible que, a alguno de los lectores, este comportamiento les parezca exagerado y carente de base, pero en este mismo blog puede encontrar algunas evidencias de este tipo de comportamientos, como por ejemplo en CAMBIO CLIMÁTICO, GEOLOGÍA Y REDES SOCIALES; EL CALENTAMIENTO GLOBAL EXPLICADO EN EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS,  EL CAMBIO CLIMÁTICO Y LAS VARAS DE MEDIR o también en BULERÍAS O PETENERAS.

Y, sin embargo, la tozuda naturaleza, gracias al progreso de la ciencia y de los nuevos hallazgos, se encarga incesantemente de enviarnos mensajes que ponen en duda las doctrinas oficiales sobre los orígenes y causas del cambio climático. Desde hace décadas, los conocimientos de la historia geológica de nuestro querido Planeta vienen advirtiendo de que el dióxido de carbono, el injustamente denostado CO2, no es el responsable del calentamiento global que estamos experimentando. Como se puede apreciar en la Figura 1, donde se representa la evolución de la temperatura (línea azul) y del CO2 atmosférico (línea morada) durante los últimos 570 millones de años, sus valores no guardan ninguna correlación. Incluso, durante algunos periodos, tienen tendencias completamente opuestas. Así ocurre, por ejemplo, en el tránsito entre el Jurásico y el Cretácico (1), el Eoceno (2), el tránsito entre el Pérmico y el Triásico (3), el límite entre el Ordovícico y el Silúrico (4), y entre el Silúrico y el Devónico (5).

Figura 1

Las relaciones entre ambos parámetros a lo largo de un periodo de tiempo tan dilatado indica claramente dos cosas: que las temperaturas actuales no son críticas ni anómalas, y que el CO2 atmosférico no es el factor que controla la temperatura del Planeta. Sin embargo, a pesar de que estas informaciones eran bien conocidas desde hace décadas, han sido sistemáticamente ignoradas por los modelos de predicción climática, que asignan al dióxido de carbono un papel fundamental, una responsabilidad que en realidad está muy lejos de corresponderle. La causa fundamental de este enfoque erróneo sobre la problemática de la evolución climática deriva de la estrecha ventana temporal considerada en los datos estadísticos para la elaboración de los modelos. En efecto, la mayor parte de las proyecciones climáticas hacia el futuro se basa en los datos registrados en los observatorios meteorológicos de los dos últimos siglos, cuando el desarrollo industrial (desde mediados del siglo XIX) coincidió con el periodo cálido que ha seguido a la Pequeña Edad del Hielo (siglos XII a XIX). La coincidencia entre el calentamiento y el desarrollo industrial durante esos dos siglos, aunque no guarden relación causa  - efecto (véase en este mismo blog el artículo CAUSALIDAD, CALENTAMIENTO GLOBAL E INCENDIOS) ha servido de justificación para atribuir a las actividades antrópicas la responsabilidad del aumento de temperatura.

Adicionalmente, los resultados de los sondeos en los hielos de la Antártida, donde el hielo acumulado a lo largo de miles de años alcanza  varios miles de metros de espesor y está finamente estratificado en pequeñas capas, contribuyeron a alimentar esta hipótesis, aunque también de forma errónea. Cada una de esas pequeñas capas corresponde a la nieve caída durante un año, que, al ir siendo enterrada por la nieve de años posteriores, se ha ido convirtiendo en hielo. La nieve, al caer, atrapa entre sus copos cantidades significativas de aire, que al ir quedando enterrado se convierten en pequeñas burbujas atrapadas dentro del hielo. Los análisis del aire contenido en esas burbujas, ha permitido conocer la composición de la atmósfera en el momento en que se depositó esa capa de nieve, y reconstruir así la evolución del contenido en CO2 y también de la temperatura, gracias al isótopo de oxígeno O18..  


Figura 2

Como se puede observar en la Figura 2 (superior izquierda), la variación de la temperatura (línea azul) corre en paralelo con la del CO2 (línea roja) a lo largo de los 5 ciclos glaciares e interglaciares registrados durante los últimos 400.000 años. Relaciones similares han sido comprobadas en sondeos más profundos que alcanzan hasta casi un millón de años. Sin embargo, este paralelismo es muy ilustrativo sobre las relaciones causa – efecto entre CO2 y calentamiento, muy diferentes de las que habitualmente se invocan sobre el efecto invernadero. Un examen minucioso de los datos revela una acusada tendencia a que sea la temperatura la que ascienda en primer lugar, y posteriormente se registre el aumento de CO2, tal y como se aprecia en la parte inferior derecha de la Figura 2. Es decir, que no es el aumento de dióxido de carbono quien acentúa el efecto invernadero y provoca el calentamiento, sino que, al contrario, al aumentar la temperatura se induce un aumento de CO2 atmosférico. Esta relación inversa puede explicarse por el aumento de la temperatura de las aguas de los mares y océanos, el principal reservorio de CO2, que al calentarse pierden capacidad de disolución y emiten dióxido de carbono a la atmósfera (véase MITOS Y LEYENDAS SOBRE EL EFECTO INVERNADERO, el CO2 y el METANO).

En cualquier caso, es evidente que existe una clara contradicción entre las gráficas de las figuras 1 y 2, ya que mientras en la primera no existe ninguna correlación entre temperatura y CO2, en la segunda (aunque sea una correlación inversa a la teoría del efecto invernadero de origen antrópico) ocurre todo lo contrario. Antes que nada, debe tenerse en cuenta la enorme diferencia de escala temporal que existe entre ambas gráficas, ya que la primera abarca más de 500 millones de años y la segunda apenas alcanza el medio millón de años. Pero es evidente que, al menos durante algunos periodos de la historia climática del Planeta, el CO2 y la temperatura evolucionan en paralelo.

Los datos que permiten elaborar la gráfica de la Figura 2, los análisis del hielo glaciar, han sido considerados por muchos científicos como más fiables que los proporcionados por los isótopos provenientes de fósiles y sedimentos de épocas más antiguas. Por ello, ha existido desde finales del siglo XX una acusada tendencia a ignorar la falta de correlación puesta de manifiesto en la Figura 1. Y ello, a pesar de las múltiples evidencias de que esa evolución paralela entre CO2 y temperatura no se debe a las actividades humanas sino a las variaciones de la actividad solar (véase EL CAMBIO CLIMÁTICO Y LA MECÁNICA CELESTE y MIRANDO AL CIELO PARA ENTENDER EL CAMBIO CLIMÁTICO, en este mismo blog).

Sin embargo, hallazgos muy recientes han permitido aportar nuevas informaciones que suponen un apoyo muy sólido para confirmar la validez de los datos geológicos antiguos sobre la evolución climática del Planeta. En efecto, un equipo integrado por investigadores estadounidenses y chinos (dirigido por la Dra. Marks-Peterson, del Instituto Oceanográfico Woods Hole de Massachusetts, USA), ha conseguido analizar las burbujas de aire ocluido en un hielo glaciar de la Antártida mucho más antiguo que el que había sido analizado hasta ahora, con más de tres millones de años de antigüedad. Y, esos análisis han revelado que los niveles de CO2 atmosférico han permanecido estables durante los dos millones de años anteriores a los sondeos anteriormente analizados. Y, sin embargo, a pesar de esa estabilidad, el Planeta ha experimentado importantes variaciones térmicas, confirmando (del mismo modo que ha ocurrido durante los 500 millones de años anteriores) que no es el dióxido de  carbono el parámetro que controla el clima terrestre.

Como ocurre con frecuencia en la historia de la ciencia, la respuesta a una pregunta abre nuevos interrogantes. Es evidente que las tendencias que se muestran respectivamente en la Figura 1 y en la Figura 2 son totalmente distintas y divergentes y, por ahora, la ciencia aún no es capaz de explicar por qué CO2 y temperatura avanzan y retroceden en paralelo tan sólo durante determinados periodos. Pero la ausencia de una explicación no impide poner de manifiesto la evidencia de una realidad, es decir, que no es el CO2 quien controla la evolución de la temperatura del Planeta, del mismo modo que (después de décadas de búsqueda por parte de los físicos) la falta de ecuaciones integradas con la teoría de la relatividad, no permite negar la realidad de la mecánica cuántica.

Debemos agradecer estos avances en el conocimiento de la historia climática al hielo, díscolo y contestario, cuya extensión está aumentando en los polos, tanto en el antártico como en el ártico (véase UNA IMAGEN VALE MAS QUE MIL PALABRAS 1- LA SUPERFICIE DE HIELO ARTICO EN SEPTIEMBRE), destrozando las profecías climáticas sobre su desaparición. Y también gracias a la preciosa información almacenada en sus minúsculas burbujas de aire, que desbarata las bases conceptuales de los modelos climáticos. Atendiendo a las consideraciones realizadas al inicio de este artículo sobre la politización de la ciencia, ¿se podría decir que el agua, al congelarse, almacena informaciones que contradicen las doctrinas oficiales, virando hacia la ultraderecha?  

Articulos adicionales sobre esta misma problemática u otros temas relacionados con medioambiente y trasfondo geológico están accesibles en este mismo blog: Reflexiones Geológicas




Comentarios

  1. Correlation does not imply causation. Sólo los experimentos de exclusión/adición pueden demostrar causación y esos experimentos no son viables a escala planetaria. El mejor proxy de ese tipo de experimentos es la historia del planeta y habla por sí misma de manera muy clara.

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  2. Totalmente de acuerdo. Además, las relaciones entre las respectivas evoluciones de la temperatura y el CO2 atmosférico no cumplen ninguna de las condiciones de causalidad (ver https://reflexionesgeologicas.blogspot.com/2026/08/causalidad-calentamiento-global-e.html en este mismo blog), que como muy bien dices, así queda perfectamente explicada en la historia del planeta.

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