ENTREVISTA A ENRIQUE ORTEGA
EN LA TRIBUNA DEL PAÍS VASCO
Enrique Ortega Gironés es un geólogo, consultor, ensayista y
articulista español, nacido en Alberic, Valencia, en 1952. Es conocido por su
amplia experiencia en el campo de la geología y su carrera como consultor, que
lo ha llevado a trabajar en numerosos países. También ha publicado varios libros
y es columnista de opinión y divulgación científica en diferentes medios, entre
los que se encuentra La Tribuna del País Vasco. Ortega Gironés inició su
carrera como docente e investigador en la Universidad de Oviedo, y
posteriormente trabajó en las minas de Almadén, donde fue jefe de departamento.
Desde 1996, ha sido consultor independiente para organismos internacionales,
realizando trabajos en más de 50 países. A partir de 2011, combina su labor con
la escritura de artículos de opinión y divulgación científica. Ha publicado
varias obras, incluyendo Historias de aquí y de allá (2011), Lágrimas de plata
(2015), No es oro todo lo que reluce (2018), La vuelta al mundo de un geólogo (2019),
El encinar del plutonio (2021), Haritmética con H (2022), A D. Rafael... un hombre fascinante (2022) y Cambios climáticos
(2024), estos dos últimos en coautoría. Ahora acaba de publicar la novela 2064, Un
mundo no tan feliz, una absorbente distopía que invita a reflexionar sobre la
libertad de pensamiento y los peligros de un mundo donde la realidad es un
producto de la ingeniería social.
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¿Qué chispa inicial dio origen a 2064? ¿Fue una preocupación política, una intuición filosófica o un impulso narrativo?
Esencialmente, una preocupación (más ciudadana que
política), acompañada de un impulso narrativo. Con la experiencia previa de
haber escrito alguna novela sobre problemáticas medioambientales y también
artículos sobre el cambio climático y el calentamiento global, pensé que la
escritura de una narración de fácil lectura podría tener un mayor impacto y una
mayor capacidad de difusión, que los textos de divulgación con terminología
excesivamente científica.
1989, la caída del Muro de Berlín. ¿Por qué eligió ese
momento como punto de partida de la conspiración que vertebra la novela?
Se podría haber elegido otro momento, como por ejemplo la
reunión la creación del Club de Roma en 1968, o alguna otra. Pero me pareció
más realista el final de la década de los 80, cuando después de tres décadas de
enfriamiento, se invirtió la tendencia del temor climático, pasando del miedo a
la llegada de otra glaciación al pánico por el calentamiento.
¿Hasta qué punto cree que el fin de la Guerra Fría dio
paso a un nuevo tipo de totalitarismo global, más suave, más invisible?
No soy sociólogo ni politólogo y esta pregunta me viene un
poco ancha, sólo puedo dar una opinión personal. Mi infancia y mi adolescencia
coincidieron con ese periodo denominado guerra fría, donde de forma cotidiana,
desde los medios de comunicación y del mismo modo que ocurre actualmente con el
calentamiento global, se alimentaba el miedo a una confrontación nuclear
mundial de la que no se libraría nadie. El final de la guerra fría supuso la
desaparición de ese miedo y la necesidad para las élites dirigentes de
sustituirlo por otro. La existencia de un miedo colectivo ha sido esencial para
cualquier sociedad y forma de gobierno a lo largo de la historia, y el miedo al
calentamiento global cumple perfectamente los requisitos necesarios para
inducir, con la ayuda de las herramientas informáticas y la ingeniería social
(de forma sutil, como usted dice), comportamientos, opiniones y actitudes.
Su título, Un mundo no tan feliz, dialoga claramente
con Un mundo feliz de Aldous Huxley. ¿Es una continuación espiritual, una
corrección o una advertencia?
Una advertencia. La novela trata de alertar sobre las
consecuencias a donde nos pueden conducir políticas equivocadas, sobre las que
ya existen indicios, económicos y sociales, de que se está siguiendo un camino
que no es el adecuado. Es muy fácil, desde la óptica actual, juzgar tiempos
pasados y sus errores. Mucho más complicado es proyectar hacia el futuro las
posibles consecuencias de los errores que se están cometiendo hoy. Esa es la
intencionalidad de la novela.
En su ficción, el “Ministerio del Clima” funciona como
una herramienta de control ideológico. ¿Cree que la ecología actual corre el
riesgo de convertirse en una religión civil?
Sin duda. En todas las religiones existan dogmas que no
pueden ser discutidos ni negados, so pena de ser excluido o estigmatizado.
Actualmente, cualquiera que niegue el origen antrópico del calentamiento global
es tratado como hereje. Las manipulaciones estadísticas de los datos
meteorológicos y climáticos que se están realizando (incluso por organizaciones
supuestamente tan serias como la ONU) son flagrantes y han sido denunciadas por
numerosas personalidades científicas del máximo nivel, incluyendo a varios
premios Nobel. Sin embargo, esas opiniones divergentes de la política oficial
son silenciadas o desprestigiadas (basta decir que son “negacionistas”) sin que
lleguen a calar en la opinión pública.
La novela plantea una idea provocadora: que el miedo
ecológico puede ser utilizado como instrumento de poder. ¿Qué paralelismos ve
con las estrategias políticas o mediáticas de nuestro tiempo?
El paralelismo es total, es una extrapolación hacia el
futuro, aumentando sus consecuencias
negativas, de las políticas que ya están
siendo hoy implementadas. Pero hay que hacer una distinción importante en lo
que se refiere a la terminología. El miedo que se está fomentando no debe
calificarse de “ecológico”, la ecología es una ciencia seria e imprescindible.
El temor debe centrarse en cierto ecologismo (que no debe confundirse con
ecología) que hace un uso sesgado, pseudocientífico, de algunos conceptos
ecológicos.
Lita, la protagonista, es un personaje nacido dentro del sistema que empieza a dudar. ¿La concibió como una heroína clásica o como una víctima del adoctrinamiento?
A lo largo del desarrollo de la novela, Lita cambia de
víctima a heroína porque es capaz de analizar la realidad que la rodea y
rebelarse contra las falsedades oficiales, del mismo modo que hace Winston
Smith, el protagonista de la novela de Orwell. La etapa adolescente de Lita,
cuando inicia su sometimiento como víctima, es similar a algo muy común que le
está ocurriendo cotidianamente a mucha gente en la actualidad, que inhibe sus
propias ideas por miedo a contradecir la opinión mayoritaria. En este contexto,
conviene recordar las ideas de Noelle–Neumann sobre la espiral del silencio,
esa conducta mediante la cual los individuos tienden a adaptar su
comportamiento a las actitudes predominantes. Esa tendencia conforma una
eficiente forma de control social, aislando y silenciando a quienes adoptan posiciones
contrarias a las de la mayoría.
En un universo donde la verdad se diseña desde el
poder, ¿queda espacio para la conciencia individual o el pensamiento libre?
A nivel individual, sí, es evidente que de momento cada cual
puede pensar y decir lo que quiera. Pero esa libertad se va reduciendo poco a
poco y a nivel colectivo es cada vez más reducida. Los mecanismos de ingeniería
social, a través de los planes de educación, son los que van restringiendo la
capacidad de análisis y de crítica, limitando la enseñanza de las materias que
pueden alentar esa capacidad, como la filosofía o la historia.
La obra sugiere que la “religión del clima” sustituye
a las antiguas ideologías políticas. ¿Es su crítica una advertencia contra la
manipulación del idealismo o una defensa del pensamiento crítico?
En realidad, creo que la religión del clima carece de
ideología, simplemente sustituye a los miedos inducidos por otras ideologías o
religiones que han dejado de tener una aceptación o seguimiento mayoritarios, y
es aprovechada por el poder político y económico, independientemente de
criterios ideológicos. Son los políticos los que se han adueñado de una
pseudoideología ecologista, no es la verdadera ecología quien ha inspirado las
ideas políticas. En este contexto, defender la importancia del pensamiento
crítico es esencial.
¿Cómo interpreta usted el papel de los medios de
comunicación en este nuevo orden que describe? ¿Son cómplices, víctimas o
simples engranajes?
No se puede generalizar, porque afortunadamente aún quedan
medios de comunicación independientes que no se someten al dictado de las
doctrinas oficiales. Pero si hablamos de los medios de comunicación
mayoritarios que de una manera u otra dependen de los presupuestos oficiales,
diría que son las tres cosas. Víctimas porque ven coartada su libertad de
expresión, cómplices porque contribuyen a la difusión y consolidación de medias
verdades en la opinión pública y engranaje porque juegan el papel de correas de
transmisión de esas distorsiones de la realidad.
2064 dialoga con Huxley, Orwell, Zamiatin… ¿A cuál de
estos autores siente más cercano en espíritu?
Mi cultura literaria no llega a tanto, no he leído nada de
Zamiatin, sólo conozco de él que es el pionero de las distopías, precursor de
Huxley y de Orwell. Pero entre estos dos últimos, creo que la obra de Orwell,
1984, se ajusta mejor a la situación actual y a la extrapolación hacia el
futuro de las potenciales consecuencias derivadas de las políticas climáticas
actuales. Desde el punto de vista conceptual, el control de las redes sociales
empujando hacia un pensamiento único recuerda bastante al Gran Hermano y los
manejos estadísticos de los datos climáticos por parte del IPCC no difieren
mucho de las maniobras realizaba el Ministerio de la Verdad.
¿Qué papel jugarán la inteligencia artificial y la
biotecnología en ese futuro “no tan feliz”?
En las novelas de Orwell y Huxley la biotecnología juega un
papel muy importante porque, evidentemente, el concepto de inteligencia
artificial quedaba fuera de su alcance en el momento en el que fueron
concebidas. En mi opinión, en el momento actual, es mucho más preocupante el
papel que juega la inteligencia artificial como embudo canalizador hacia un
pensamiento único que anula la capacidad de crítica y discriminación. Basta con
comprobar los mensajes, indicaciones y advertencias que, sin solicitarlas y sin
poder eliminarlas, nos llegan cotidianamente de las aplicaciones que todos
usamos en nuestros teléfonos y ordenadores.
¿Qué lugar ocupa la esperanza en su novela? ¿Hay
posibilidad de redención o la distopía es irreversible? ¿Cree que caminamos
realmente hacia el mundo que describe o que aún hay tiempo de evitarlo?
En el momento actual se están dando pasos hacia ese futuro
no tan feliz, pero afortunadamente aún está lejos y hay tiempo para reaccionar.
En realidad, poco a poco, de forma lenta pero insistente, cada vez son más las
voces autorizadas que se alzan contra las monolíticas tesis oficiales,
inasequibles a las evidencias y los mensajes que la naturaleza nos envía. Pero
no soy optimista en cuanto a la duración de esta problemática, llevará mucho,
mucho tiempo erradicar el miedo climático de la conciencia colectiva. Hay
muchas evidencias en la historia de la humanidad sobre la enorme persistencia
de la inercia social. En el final de la novela se ve reflejado un cambio de
tendencia, aunque de una manera que es mejor no desvelar para no hacer
“spoiler”.
La frase promocional —“¿Y si la verdad fuera la
mentira más elaborada?”— tiene una dimensión metafísica. ¿Qué significa para
usted “verdad” en una época de manipulación masiva?
Esa es una muy buena pregunta en estos tiempos en los que es
frecuente escuchar el relato de la “postverdad” (es decir, una distorsión
deliberada de la realidad), cuando se considera que la verdad tiene componentes
estadísticos y se encuentra en lo que piensa la mayoría. Se nos afirma
insistentemente que la verdad sobre el cambio climático es la que pregona una
abrumadora mayoría de científicos que han alcanzado un consenso. Sin embargo,
dicho consenso está lejos de ser cierto porque, como se ha mencionado
anteriormente, miles de científicos difieren de la interpretación oficial, y en
el mundo de la ciencia la verdad la dictan las pruebas y las evidencias, no las
teorías ni los modelos. En el caso que nos ocupa, la verdad nos la muestra la
naturaleza y no los modelos climáticos. La información geológica, que permite
reconstruir la historia climática del planeta a lo largo de miles de millones
de años, indica que las temperaturas
actuales están muy lejos de ser anómalas o críticas (por el contrario, son
frías en comparación con las alcanzadas en épocas anteriores) y que, además, la
evolución térmica de la Tierra es independiente del contenido de CO2 en la
atmósfera. Además, en contra de los
vaticinios, el nivel de aumento del nivel del mar es hoy más lento que en
épocas anteriores (las ciudades costeras y archipiélagos del Océano Pacífico no
han sido tragados por las aguas), el hielo ártico no ha desaparecido y el
antártico está aumentando, el planeta no se está desertizando (por el
contrario, es cada vez es más verde) y las estadísticas indican que no hay un
aumento en la frecuencia e intensidad de los desastres naturales. Sin embargo,
la verdad instalada en la conciencia social es la que postula la doctrina
climática oficial.
¿Cree que la literatura tiene todavía el poder de
despertar conciencias en una sociedad adormecida por la información?
Por supuesto, ese el papel que ha tenido desde siempre y
debe seguir teniéndolo. Por eso es tan importante fomentar los hábitos de
lectura, tan adormecidos actualmente por el uso masivo de los dispositivos
electrónicos, que está mermando la capacidad de comprensión de las nuevas
generaciones y limitando de una manera alarmante el vocabulario que se utiliza
normalmente. Desgraciadamente, esa tendencia le viene muy bien a los procesos
de ingeniería social ya mencionados.
Muchos lectores verán en su novela una crítica directa
a la ideología dominante y a la cultura de lo políticamente correcto. ¿Le
preocupa que la tachen de “conspirativa”?
Para nada. Desde que empecé a escribir artículos de
divulgación científica, se iniciaron de inmediato las descalificaciones y
vinculaciones gratuitas con la ultraderecha, a las que no hay que prestar
ninguna atención porque carecen de fundamento. Pero me parece muy preocupante
que determinadas opiniones científicas, a pesar de utilizar argumentos
estrictamente técnicos, se politicen inmediatamente siendo asociadas a posturas
ideológicas. Como decía anteriormente, es la política la que se ha atrincherado
en una pseudociencia y critica posturas científicas con argumentos ideológicos.
En un momento donde la censura adopta formas sutiles
—algoritmos, cancelación, autocensura—, ¿cree que publicar 2064 es, en sí
mismo, un acto de resistencia?
No, considerarlo como una resistencia indicaría que se está
planteando una acción contra algo o contra alguien, y no es el caso. Es simplemente
un ejercicio de libertad para intentar poner en evidencia, para mostrar el
bosque de una realidad que está oculta por una aglomeración de árboles
informativos.
¿Cómo fue el proceso de escritura? ¿Partió de una
trama cerrada o la historia se fue revelando a medida que escribía?
Esta novela es la tercera entrega de una trilogía focalizada
en temas medioambientales conflictivos. La primera parte (No es oro todo lo que
reluce) estuvo dedicada al uso del mercurio en la minería artesanal del oro. La
segunda (El encinar del plutonio) centrada en la energía nuclear y los residuos
radioactivos. Y, esta tercera en la política climática. En los tres casos, el
proceso creativo ha sido similar, son novelas de tesis y la idea conceptual del
desarrollo de la trama estaba clara desde el inicio, pero la historia ha ido
tomando cuerpo a medida que avanzaba el proceso de escritura. Y en la tercera
entrega, la elección de los protagonistas principales ha sido simple, ya que es
heredada de las dos novelas anteriores. En cualquier caso, cada una de las
partes de esta trilogía puede leerse como una novela independiente.
Si tuviera que definir 2064 en una sola frase, ¿cuál
sería?
Un intento de alertar a la población sobre las desagradables
consecuencias de un indeseable futuro que, si no hacemos nada para evitarlo,
podría estar más próximo de lo que quisiéramos.
¿Qué espera que sienta el lector al cerrar el libro:
miedo, conciencia, rebelión o esperanza?
Conciencia, abrir los ojos a una realidad que tenemos
delante pero que se nos oculta mediante una cortina de humo informativo.
Articulos adicionales sobre esta misma problemática u otros temas relacionados con medioambiente y trasfondo geológico están accesibles en este mismo blog: Reflexiones Geológicas


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