UNA MERIENDA DE
NEGROS
Enrique Ortega Gironés
De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia, la expresión coloquial merienda de negros se utiliza para describir aquellas situaciones en las que reina la confusión, el desorden y que nadie entiende. Es cierto que las normas no escritas de lo políticamente correcto sugieren que debe abandonarse este tipo de léxico por sus implicaciones despectivas y racistas. Sin embargo, la descriptiva expresividad de este aforismo (curiosamente, otras expresiones de uso comercial extendido como Black Friday no son objeto de las mismas críticas), hacen imposible evitar la tentación de utilizarla para el caso que nos ocupa, las dramáticas y recientes inundaciones que han asolado la Huerta Sur de Valencia.
Datos históricos sobre las lluvias torrenciales en Valencia
Desde que se tienen noticias, el clima mediterráneo se ha caracterizado por la irregularidad y violencia de sus lluvias. En los albores del primer milenio, ya hubo emperadores romanos que, preocupados por las devastadoras consecuencias de las riadas, proyectaron y realizaron obras públicas para prevenir sus consecuencias, como hicieron por ejemplo Augusto, Claudio o Trajano, especialmente en el río Tíber, en Roma. Las obras hidráulicas romanas en Hispania estuvieron principalmente focalizadas en el abastecimiento de agua a núcleos urbanos, como por ejemplo la presa de Proserpina en Mérida (Badajoz), o la de Almonacid de Cuba (Zaragoza). Esta última, construida en tiempos del emperador Augusto en la segunda mitad del Siglo I, está considerada como la presa romana de mayor altura de todas las que se conservan en el mundo (tiene 34 metros de altura), y su uso ha sido muy debatido, considerándose que también pudo tener funciones de regadío y de regulación del Río de Aguas Vivas.
Presa de Almonacid de las Cubas
El litoral costero valenciano es un claro exponente de esta situación, habiendo sido testigo a lo largo de los siglos de repetidas riadas e inundaciones de catastróficas consecuencias. No existe un registro completo y detallado de las mismas, y cuanto más retrocedemos en el tiempo, más confusas e imprecisas son las noticias que nos han llegado sobre ellas, aunque existen evidencias geológicas (en realidad, toda la llanura costera valenciana representa una acumulación de sedimentos de este tipo de episodios) y arqueológicas que constatan su pasada existencia.
Así, en el subsuelo de la ciudad de Valencia, permanecen los sedimentos dejados por inundaciones de época romana (siglos I y II a.C.) en la Plaza de L’Almoina, o de los siglos I al IV d.C. bajo la calle del Mar o en la Plaza de Zaragoza. Del mismo modo encontramos restos de riadas acaecidas en la época musulmana (siglos IX, X y XI) nuevamente en la plaza de l’Almoina, en la calle del Mar o en los Baños del Almirante. También, pueden encontrarse testimonios de estas catástrofes en la literatura, como las que aporta el poeta Ibn Jafaya (1058-1138). El título de su poema (¡Otras inundaciones en Alcira!) es claramente indicativo de que ya llovía sobre mojado:
He vuelto a Alcira entre el trueno que retumba en mi oídoY la lluvia que azota mis hombros y mi espalda con ruidoComo un ave paralizada por el temporal agresivo y bandidoDeseando llegar hasta sus polluelos atormentados en el nidoViendo cómo se derrumban los muros por el desastre ocurridoBajo el peso continuo de las nubes, sin cesar en su cometido
La ciudad de Alzira durante la riada de 1916
Este es el caso por ejemplo de la terrible inundación de
1864, conocida como la riada de San Carlos, que llegó a destruir por completo
algunos núcleos de población que tuvieron que ser abandonados. Así ocurrió en la
localidad de Alcosser, situada cerca de la confluencia entre los ríos Júcar y Albaida, en los
alrededores de Alberic.
A pesar de las múltiples evidencias documentales sobre la persistencia en el tiempo de esta larga secuencia de desastres, tras la reciente catástrofe ocurrida en Valencia, se ha recurrido al cambio climático para explicar su violencia e intensidad. Estas cotidianas e insistentes advertencias catastrofistas sobre el futuro climático están basadas en la hipótesis de que el Planeta se está enfrentando a un gran peligro. Este riesgo se asocia al calentamiento excepcional y crítico que (según la insistente información cotidianamente difundida por los medios) está experimentando la Tierra, como consecuencia de las emisiones antrópicas de CO2 a la atmósfera. Sin embargo, existen numerosas evidencias de que la situación actual no es ni mucho menos crítica (de hecho, estamos atravesando una de las etapas más frías dentro de la historia planetaria) y el presente calentamiento corresponde simplemente a un episodio más de los numerosos cambios climáticos registrados a lo largo del tiempo.
En otras palabras, que la intermitente presencia de las DANAs han sido una constante a lo largo de los siglos, sin que los registros indiquen un aumento de intensidad ni de frecuencia. Como ha detallado la Asociación de Realista Climáticos en un reciente comunicado (véase también el artículo Riadas, gotas frías y DANAs, publicado en este mismo blog), las riadas a consecuencia de las DANAs se han producido siempre, no van a dejar de hacerlo, y su presencia no está relacionada con los aumentos o disminuciones de la temperatura planetaria.
La gestión durante las cuatro últimas décadas
La historia climática de la región mediterránea indica con claridad que las lluvias que produjeron las inundaciones del pasado 29 de octubre 2024, como ocurre con otras fuerzas de la naturaleza, eran inevitables, pero previsibles y mitigables. Y ante la certeza de que harían acto de presencia tarde o temprano, del mismo modo que volverán a aparecer en el futuro, cabe preguntarse qué han hecho las autoridades durante las últimas décadas para intentar minimizar los impactos de las imparables fuerzas de la naturaleza.
Dejando aparte las obras romanas,
árabes y algunas pequeñas presas erigidas antes del siglo XIX, la construcción
de los grandes embalses se inició a principios del siglo XX, teniendo un impulso definitivo a partir de los años
50, con el denominado Plan
de Transformación y Colonización, que supuso la
construcción de 615 embalses. La presa de La Serena, en
Badajoz, culminada en 1990, representó la última gran obra hidráulica de aquel
programa, que no ha tenido continuidad hasta el presente, a pesar de que las
demandas de agua han seguido creciendo y las DANAs han seguido haciendo acto de
presencia.
Crecida del río Turia en su cauce viejo a su paso por Valencia (1870, fotografía de Jean Laurent)
La gran riada de Valencia de 1957 estimuló el desvió del río Turia mediante el denominado Plan Sur, cuya eficacia ha quedado demostrada durante este otoño de 2024. Años más tarde, la gran pantanada de Tous en 1982 introdujo imprescindibles elementos de reflexión sobre lo que debía hacerse para minimizar los efectos de las lluvias torrenciales. Desde la instauración de nuestra democracia, dejando aparte la etapa de la transición, a lo largo de cinco décadas, las responsabilidades de gobierno han sido alternantes entre los dos partidos mayoritarios, el PSOE y el PP, tanto en el gobierno central como en la Comunidad Valenciana. Y, para analizar correctamente lo ocurrido recientemente en el Barranco del Poyo y en la Huerta Sur de Valencia, con perspectiva histórica, es imprescindible revisar la gestión que ambos partidos han desarrollado sobre esta problemática específica, tanto a nivel nacional como autonómico y municipal,
El primer intento para detectar y preservar las zonas inundables en la zona afectada por la reciente DANA se realizó desde el Consejo Metropolitano de la Huerta (entidad creada en 1987 por el gobierno autonómico del PSOE y disuelto por decisión del Partido Popular en 1999). Las normas derivadas de los estudios realizados por dicha entidad fueron aprobadas en 1988, pero no fueron publicadas en el Diario Oficial de la Generalitat Valenciana hasta 1993, a pesar de que durante este largo intervalo de 5 años hubo continuidad del PSOE en el gobierno autonómico.
En 1995 fue el PP quien alcanzó el poder autonómico, que mantuvo hasta 2015, y durante esas dos décadas, se desarrollaron las actividades que se detallan a continuación.
· En 1996, la Conselleria de Medio Ambiente aprobó un proyecto para adaptar los cauces de los barrancos del Poyo, Torrent, Chiva y Pozalet. En aquellos momentos y por razones medioambientales, dicho proyecto fue muy controvertido y contestado por la oposición, siendo finalmente frenado por la Comisión Europea.
· En 1997, el gobierno autonómico publicó el Mapa Regional de Riesgo de Inundación, que teóricamente debía ser de obligada consulta en la redacción de los planes urbanísticos y territoriales.
· En el año 2000 se diseñó un Plan Global de prevención de las inundaciones del Júcar, que proponía construir tres presas (Estubeny, Marquesado y Montesa) para controlar prácticamente la mitad del área con alto riesgo de inundaciones de esta cuenca, que no estaba controlada por los embalses ya construidos de Tous, Bellús y Forata.
· En 2001, el gobierno central (correligionario con el gobierno autonómico del PP) elaboró un ambicioso Plan Hidrológico Nacional que contemplaba la conexión de la cuenca del Ebro con las cuencas mediterráneas más meridionales. En uno de los anexos de dicho plan, estaba prevista la construcción de una presa en el Barranco del Poyo, aguas arriba de Cheste. Este Plan fue derogado cuatro años más tarde, en 2005, después del acceso del PSOE al gobierno nacional.
· En 2003, la Generalitat aprobó el Plan de Acción Territorial sobre Prevención del Riesgo de Inundación de la Comunidad Valenciana (PATRICOVA). Durante el intervalo transcurrido entre 2004 y 2011, mientras los gobiernos central y autonómico estuvieron dirigidos por fuerzas políticas rivales, la ejecución del PATRICOVA no se vio favorecida por la cooperación entre las instituciones de ambas administraciones. En realidad, podría decirse que se declaró una verdadera guerra del agua entre ambas administraciones. Así, el Estudio para la Defensa Integral contra avenidas de la Rambla del Poyo nunca llegó a cristalizar en ninguna acción concreta. Del mismo modo, el proyecto de adecuación ambiental y drenaje de esa misma cuenca hacia la Albufera (dividido en varios subproyectos), que inició su redacción en 2006 y consiguió la declaración de impacto ambiental favorable en 2011, tampoco fue ejecutado. La declaración de impacto ambiental de dichos proyectos, que era válida para cinco años, alcanzó su fecha de caducidad sin ejecución, por lo que fue imprescindible reiniciar completamente su tramitación desde el inicio.
En 2015, la llegada al poder autonómico del PSOE rompió la hegemonía que había tenido el PP desde 2011, cuando había mantenido simultáneamente el poder también en el gobierno central. Es decir, que durante ese intervalo de más de cuatro años, se desperdició la situación favorable de cooperación entre las entidades estatales y autonómicas para la ejecución de las obras proyectadas.
En 2018, con el retorno del PSOE al gobierno central, se estableció un nuevo periodo de uniformidad política entre la administración central y la autonómica de la Comunidad Valenciana, que se mantuvo hasta mediados de 2023. Sin embargo, ese largo intervalo de tiempo tampoco fue aprovechado para ejecutar las obras pendientes. A nivel nacional, en la política desarrollada prevaleció la demolición de barreras fluviales sobre la construcción de nuevos embalses. Así, se aprobó una nueva planificación hidrológica para la cuenca del Júcar, en la que ya no aparecían las presas de Estubeny y Marquesado, mientras que para el embalse de Montesa, apenas se ha iniciado la tramitación de su declaración de impacto ambiental. En paralelo, la realización de obras en el Barranco del Poyo fue imposibilitada por su incompatibilidad con la Ley de Protección de la Huerta, aprobada por el gobierno autonómico del PSOE.
Dice la sabiduría popular que entre todos la mataron y ella sola se murió, expresión coloquial indicativa de que se está achacando a alguien el daño producido por muchos y que nadie remedia. Algo así está ocurriendo con las terribles consecuencias de esta dramática inundación, atribuida gratuitamente y sin pruebas al cambio climático.
Efectos de la DANA de octubre de 2024 en una de las
localidades afectadas
Cuando en octubre de 2024 sobrevino la terrorífica DANA que se llevó por delante más de doscientas vidas, las obras previstas desde dos décadas antes no habían sido ejecutadas. Y en paralelo, las previsiones de aplicación preceptiva sobre inundabilidad para la ordenación del territorio, no habían sido respetadas. La secuencia de decisiones opuestas anteriormente descrita, derogando las prescripciones de gobiernos anteriores, dilatando con injustificable pasividad decisiones que debieran haber sido inaplazables o simplemente mirando pasivamente hacia otro lado, induce a sospechar que la rivalidad política, las diferencias ideológicas y el fanatismo ecológico han primado sobre la seguridad de la población.
Sin embargo, es sorprendente que las aristas de esa rivalidad se suavicen y desaparezcan cuando hacen acto de presencia otros intereses. Es muy llamativo que en 2017, ocho municipios de la huerta sur hoy afectados por la DANA (Albal, Aldaia, Alfafar, Manises, Massanassa, Picanya, Quart y Xirivella), en aquel momento gobernados algunos por el PSOE y otros por el PP, adoptaron posturas similares y litigaron con la Confederación Hidrográfica del Júcar. En su demanda, consideraban excesivas las restricciones que se les había impuesto sobre los límites de suelo inundable. Afortunadamente, el Tribunal Supremo mantuvo los criterios de la Confederación, porque de no haber sido así, las consecuencias de la reciente riada del 2004 en esos mismos pueblos, hubiesen sido aún más catastróficas.
Como colofón a tanto despropósito, no es menos chocante que en noviembre de 2024, cuando aún se estaba limpiando el barro de las calles y viviendas en las localidades afectadas, la responsable del Ministerio de Transición Ecológica en el gobierno del PSOE que había paralizado durante años la construcción del embalse que hubiese evitado la catástrofe en el barranco del Poyo, haya sido ascendida a vicepresidenta de la UE, y que para más inri, dicha promoción se la deba a los votos del PP europeo.
Ante estas piruetas políticas, cabe preguntarse cuál son los verdaderos motivos que hay detrás de las decisiones de los representantes elegidos con nuestros votos, tanto locales y autonómicos, como nacionales o europeos. ¿Lo hacen pensando en los intereses de los ciudadanos que representan o en sus propios intereses y equilibrios? Lope de Vega, uno de los autores más famosos de nuestro Siglo de Oro, acuñó un celebérrimo pareado:¿Quién mató al Comendador? ¡Fuenteovejuna, Señor! Si Lope hubiese vivido en el siglo XXI y Fuenteovejuna hubiese estado en la Huerta Sur valenciana, quizás Lope hubiese debido invertir el sentido de sus versos para decir: ¿Quién mató a Fuenteovejuna? ¡Los gobernantes a una! Por eso, el aforismo merienda de negros parece perfectamente aplicable a esta situación. Pero en este caso, no debe considerarse este aforismo como denigrante o despreciativo hacia los africanos, sino hacia nuestros incalificables políticos.
Articulos adicionales sobre esta misma problemática u otros temas relacionados con medioambiente y trasfondo geológico están accesibles en este mismo blog: Reflexiones Geológicas
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