A VUELTAS CON LA SEQUIA EN ESPAÑA

 

A VUELTAS CON LA SEQUIA EN ESPAÑA

José Antonio Sáenz de Santa María Benedet, Enrique Ortega Gironés y Stefan Uhlig


Hace un par de meses estaba todo el mundo, en España, pendiente de la sequia a la que nos condenaba el “omnipresente” cambio climático. A finales del invierno, casi no había llovido y disfrutábamos (o no) de unas temperaturas por encima de la media para la época como machaconamente se encargaban de recordar todos los espacios meteorológicos de las televisiones nacionales y regionales así como las columnas de opinión de los periódicos firmadas por numerosos articulistas reconvertidos en expertos climatólogos.

Recordarán los lectores el importante problema de sequía que se vivía en Cataluña (que persiste a fecha de hoy) donde, por falta de planificación hidrogeológica e hidráulica desde hace varios años (todos nuestros políticos se dedican a otras cosas), se preveía un verano con fuertes restricciones de caudal en las ciudades. Se solicitaba entonces, por parte de las autoridades autonómicas, realizar el suministro mediante barcos cargados con agua procedente de la desaladora de Sagunto.  

Esto dio lugar a diferentes comentarios de diversos tipos. En concreto, uno de estos comentarios señalaba que “somos[los seres humanos] muy inteligentes pues dejamos que el agua dulce se vierta sin utilizar al mar en el delta del Ebro para luego desalarla y mandarla desde Sagunto a Barcelona”. No deja de ser cierto, pero solo “de alguna manera”.

Sin embargo, en un breve inciso, nos permitimos señalar que, desde el punto de vista geológico, los ríos deben verter sus caudales al mar (que es el morir, como decía Jorge Manrique). Esto es importante pues el depósito de arenas y arcillas en los deltas es de gran importancia para la construcción y estabilidad de los mismos al evitar la erosión y la transgresión marina, además de permitir la disponibilidad de zonas llanas para cultivo y dar lugar a ecosistemas de marismas de gran interés ecológico. Además, la presencia de turbidez en las aguas continentales que se vierten al mar genera un ecosistema marino especial que permite la reproducción de numerosas especies de peces y una cadena trófica marina de importancia ecológica y económica. Existen trabajos biológicos que sostienen que la turbidez permite el desove de grandes bancos de sardinas y otras especies que no se reproducen en aguas limpias. Por otro lado, las arenas vertidas en el Ebro acaban siendo transportadas también a lo largo de la costa en dirección suroeste para depositarse en las diferentes playas de la zona llegando hasta Valencia y Alicante (véase en cualquier mapa del delta y de la isla de Buda, figuras 1 y 2).

Volviendo a nuestro objetivo inicial sobre la sequía, un par de meses después, el invierno parece haber retornado, no es infrecuente en nuestras latitudes que, en primavera, existan períodos muy fríos y lluviosos. No en vano, el refrán castellano dice que cuando marzo mayea, mayo marcea y, aunque estamos ya en el mes de abril hemos, tenido una Semana Santa pasada por agua y por nieve que ha estropeado nuestras procesiones y tradiciones de estas fechas. Ello es muy habitual, sobre todo cuando la Semana Santa coincide con finales de marzo y no con finales de abril. Estas últimas gozan, casi siempre, de un elevado esplendor con tiempo seco y soleado.

Pues bien, a lo que íbamos: En este momento nadie se acuerda ya, con estos fríos y lluvias, del cambio climático catastrófico de hace unos meses y de la sequía. Nuestros pantanos empiezan a llenarse. De acuerdo con la teoría imperante, no obstante, el cambio climático nos está convirtiendo en un país casi desértico según los más agoreros. Sin embargo, como ya nos enseñaban a los que peinamos canas en 2º de Bachillerato (plan del 64), España es un país caracterizado por dos zonas climáticas: la España Húmeda en el Norte y Noroeste y la España seca en el resto.

Figura 1. Mapa esquemático del delta del Ebro. Nuestro delta más grande no tiene exactamente una forma triangular o de delta griega. Por sus dimensiones acumula unos 1.000 Kilómetros cúbicos de gravas, arenas y arcillas procedentes de la denudación del interior a lo largo de millones de años. Su historia geológica es compleja habiéndose hundido y desaparecido varias veces como lo atestiguan los datos de los sondeos petrolíferos perforados en su entorno. El delta del Ebro es una de las grandes provincias petrolíferas españolas (“play” en ingles). Las corrientes marinas generales transportan los sedimentos en dirección Nordeste-Suroeste generando, por ejemplo, los depósitos arenosos de la Isla de Buda (figura 2).


Figura 2. Isla de Buda en el delta del Ebro. Depósitos arenosos transportados por las corrientes marinas generales Nordeste-Suroeste. Obsérvense las tierras de cultivo, las zonas de marismas y lagos salobres, las playas generadas por la interacción entre la dinámica fluvial y la costera en permanente lucha.

Como es bien sabido, durante todas las civilizaciones que en España han habido, desde los romanos hasta los árabes e incluso los cristianos dela Alta Edad Media, se han realizado y se conservan, grandes infraestructuras hidráulicas históricas (figura 3) para aprovechar las llanuras y dehesas de la España seca para el cultivo de forraje, cereales, frutas y hortalizas. Seguimos en las mismas y el cambio climático que como sabemos existe no ha traído nada nuevo bajo el sol, salvo el catastrofismo.

Figura 3. Embalse romano de Proserpina. Se comenzó a construir en el siglo I a. C. y está situado a unos 5 km al norte de Mérida. Recoge las aguas de dos arroyos y tiene una capacidad de alrededor de 4 hm3.El buen estado de conservación actual del embalse romano se debe a que, tras la caída del imperio, además de su función de abastecimiento de Augusta Emérita a través del Acueducto de los Milagros, el lago artificial ha sido siempre una popular zona de recreo, por lo que se continuó cuidando y modificando. El embalse de Proserpina, así como el de Cornalvo, forman parte de la denominación Conjunto Arqueológico de Mérida, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1993 por la UNESCO. Desde el embalse un acueducto de unos 10 km llevaba el agua a la ciudad con una pendiente constante del 0,5 %, una hazaña topográfica para la época de su construcción.

Pero continuando con la sequía que nos asola (o asolaba hasta hace poco tiempo) utilizaremos a continuación datos oficiales obtenidos en Internet acerca del tema. La fuente de los datos y de los gráficos es la página www.embalses.net que recoge sus datos de fuentes oficiales tales como el Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO), la Agencia Española de Meteorología (AEMET), el Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) de la Confederaciones Hidrográficas españolas. En las gráficas se ha utilizado la actualización del 10/04/2024 aunque, a la hora de leer este artículo, pueden ustedes acceder a datos más completos y evolucionados en el tiempo.

Lo primero que debemos señalar es que, de acuerdo con los datos oficiales, la capacidad de almacenamiento de nuestros embalses en superficie es de 56.039 Hm3 (1 Hm3 = 1.000.000 de metros cúbicos o, como les gusta a los periodistas, mil millones de litros de agua).  Lo segundo que debe señalarse es que, de acuerdo con los datos históricos, nuestros embalses nunca han superado los 45.000 hm3 de agua embalsada en los últimos 40 años. Por otro lado, muchos especialistas cuestionan este volumen total de agua que podríamos embalsar puesto que nuestras presas tienen, en muchos casos, una antigüedad considerable (de casi un siglo, excepción hecha de Proserpina y otras históricas). En efecto, durante la vida activa de las presas se van produciendo acumulaciones de arena, lodo y arcilla en el fondo de los vasos cuyo espesor resulta desconocido. No hemos encontrado en ningún sitio datos acerca del grado de aterramiento de nuestros embalses. Estos aterramientos pueden ser muy importantes y, como muestra valga un botón de la experiencia personal de uno de los autores.

Durante los trabajos de investigación geotécnica de la autopista A66 (Autopista de la Plata) en la provincia de León, se hizo necesario construir un viaducto sobre el valle del rio Luna que, en la zona, está inundado por la presa cuya cerrada se encuentra aguas arriba de la población leonesa de Barrios de Luna. La autopista presenta un trazado que discurre por toda la margen derecha del rio y del pantano. Pues bien, los geólogos implicados en la construcción estudiaron los rellenos depositados en el fondo del valle con la idea de drenar el pantano y construir un viaducto con una cimentación convencional. Con gran sorpresa se encontraron que, en el centro del valle del Luna, se acumulaban unos 20 metros de materiales sueltos aportados por el rio desde el momento de la construcción del embalse. Estos materiales de baja calidad geotécnica (lodos y cienos saturados de agua) junto con la imposibilidad de drenar el pantano (dedicado a riego) para realizar la cimentación, hicieron imposible la construcción de un puente convencional y llevaron al diseño del hermoso puente colgante que hoy existe y que lleva el nombre de uno de los catedráticos de mayor prestigio internacional de la Ingeniería española (figura 4).

El proyecto del pantano es de la década de los años 30 del siglo XX y se redactó durante la IIª República. En el año 1945, se adjudicaron las obras y se comenzaron en el verano de ese mismo año. El 15 de junio de 1951 se cierran las compuertas para el inicio del primer embalsado. Es decir, durante un período de 26 años desde la entrada en funcionamiento del embalse se acumularon esos 20 m de sedimentos a razón de unos 75 cm de sedimentos por año. Esta velocidad de aterramiento es muy alta dado que el pantano está en una zona de alta montaña con gran pendiente y un régimen torrencial. En otras zonas de valles medio y bajos de los ríos esta velocidad será, probablemente, mucho menor. Sin embargo, el dato nos da una idea de la pérdida de capacidad de embalse de nuestros pantanos producida por causas geológicas naturales como el transporte fluvial de sedimentos y su sedimentación en zonas favorables.

Figura 4. El embalse del Luna es cruzado por la autopista AP-66 (Ruta de La Plata) en dirección a Asturias. Como parte de esta  autopista está construido el puente atirantado llamado Ingeniero Carlos Fernández Casado, que es actualmente el de mayor luz de España después del Puente de la Constitución de 1812, de Cádiz .

Así pues y debido a la falta de estudios sobre el aterramiento de nuestros embalses, debemos tomar con precaución el dato de la capacidad total de embalse de nuestro país y no sentirnos satisfechos con este volumen teórico. Por otro lado, conocer el grado de aterramiento es, hoy día, fácil y barato utilizando sistemas geofísicos basados en ondas acústicas. Estas técnicas son muy conocidas y empleadas en numerosos campos y no entendemos que no se controlen nuestros pantanos con estos sistemas. Como decimos, nosotros hemos sido incapaces de encontrar estos datos.

Volviendo a los datos oficiales, al 8 de Abril de 2024 había embalsados 36.992 Hm3que representan el 66,01% de la capacidad teórica de embalse y que nos sitúa ya en volúmenes por encima de la media de los últimos 10 años. Retornamos a una situación más favorable y nuestros políticos y nuestros medios de comunicación pueden olvidarse de la sequía y del cambio climático que la provoca. Si se fijan Vds. en la figura 5 verán cual es la situación de nuestro almacenamiento superficial de agua en la última década y en los últimos años (2022 y 2023). También se recoge la evolución del embalsado en lo que va de 2024.

Como se observa, la media de embalse de los últimos 10 años presenta una forma sinusoidal muy marcada. Demuestra en primer lugar que, en España hay un único período de lluvias muy marcado entre mediados de Noviembre y mediados de abril del año siguiente. En este período se recogen unos 10.000 Hm3 de agua que deben administrarse durante el resto del año. No es una situación muy desahogada dado el incremento permanente del consumo.

Los perfiles de recogida de agua de cada año son muy variables como se ve por las curvas individuales de los años 2022, 2023 y el actual. Es evidente que 2022 y 2023 han sido años correspondientes a un período muy seco (los más secos de la última década) pero también que, por contraposición con la curva media, durante los otros años de la década ha habido lluvias por encima de la media aunque no se recogen en el gráfico. A la fecha y, por contraposición con las 8 primeras semanas del año (enero y febrero) que fueron muy secas, se han producido lluvias muy abundantes durante marzo y abril, que hacen que el año actual este ya por encima de la media de los últimos 10 años inaugurando, probablemente, un período de varios años húmedos.

Figura 5. Agua embalsada en España a lo largo del año. Los datos de 2024 (línea roja) hasta el 10 de abril.

Si observamos ahora la figura 6, podremos comprobar el comportamiento histórico del agua embalsada en nuestro país en los últimos 40 años. En esta figura se comprueba un comportamiento cíclico de este parámetro con períodos alternantes de lluvias abundantes y escasas de unos 5 o 6 años. Como ya se ha comentado, el almacenamiento máximo ha sido de unos 45.000 Hm3 en el período 2010 a 2015. El período de menor reserva de agua se produjo en la década de los años 90 del siglo XX (entonces no se hablaba de cambio climático sino de la ciclicidad de nuestros períodos secos) y, por otro lado, no se observa esa sequía continuada y catastrófica que anuncian periódicamente los medios de comunicación. Mas bien y a pesar del calentamiento global (la temperatura media global ha aumentado unos 0,5º en los últimos 40 años) la situación es de lo más normal.


Figura 6. Grafico de evolución histórica del agua embalsada en España en los últimos 36 años (1988 a 2024). Hasta el 10  de abril.

Por último, si observamos la figura 7, constatamos lo que ya nos decían en el colegio en los años 60 del siglo XX: España tiene una distribución muy irregular de las precipitaciones existiendo una España húmeda en el Norte y Noroeste de la Península Ibérica y una España seca en el Sur y en todo el arco mediterráneo incluyendo Cataluña que está sufriendo escasez de agua en este momento.

Figura 7. Distribución del agua embalsada en España hasta el 10 de abril de 2024.

A la vista de este mapa se pone en evidencia una conclusión obvia: no necesitamos, como hacen nuestros políticos, echarle la culpa de la escasez de agua en determinadas zonas al cambio climático sino que lo que necesitamos es un plan nacional de infraestructuras hidráulicas que permita transvasar, en invierno y primavera, agua de los embalses de la España Húmeda (con su capacidad por encima del 85%) a los de la España seca (con su capacidad por debajo del 40%).

Los autores no entienden como a estas alturas del siglo XXI con grandes redes de tuberías de transporte de hidrocarburos líquidos, gasolinas, gasóleos y gas natural; infraestructuras ferroviarias muy desarrolladas (incluida la segunda red de Alta Velocidad del mundo); grandes infraestructuras de transporte por carretera (autopistas), etc., no existe en nuestro país una red de acueductos que conecte todos nuestros embalses y permita llevar agua de unos a otros sin necesidad de acudir a los desembalses que estamos viendo estos días en el Noroeste por llenado casi total de los pantanos de estas zonas.

Dejémonos, pues, de excusas baratas y fáciles (el cambio climático se ha convertido en un comodín político) y exijamos a la política un plan de infraestructuras hidráulicas que permita aumentar la capacidad de embalse (limpieza del aterramiento, construcción de nuevos pantanos, recrecimiento de aquellos que se puedan intervenir) y conectarlos todos entre sí a los efectos de llevar agua a las zonas mas necesitadas. El esfuerzo merecerá la pena en desarrollo económico y social. Dejando aparte que la solidaridad hidráulica debe ser una parte del acervo español


Articulos adicionales sobre esta misma problemática u otros temas relacionados con medioambiente y trasfondo geológico están accesibles en este mismo blog: Reflexiones Geológicas

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