Inquietantes reflexiones filosóficas y
estadísticas sobre el Calentamiento Global
No hace mucho, de forma
casi simultánea pero independiente, cayeron en nuestras manos dos interesantes documentos
sobre el Cambio Climático que, a pesar de pertenecer a disciplinas tan distintas
y alejadas como la filosofía de la
Ciencia y la estadística, convergían en sus conclusiones de manera tan
contundente como llamativa.
Análisis
Gnoseológico sobre el Cambio Climático
El primero de estos
documentos es una lección sobre la Filosofía del Cambio Climático, impartida
por el Doctor en Filosofía y matemático D. Carlos Madrid, de la Escuela de
Filosofía de Oviedo, en la Fundación Gustavo Bueno, que es accesible en Internet. La visualización
de esta conferencia es encarecidamente recomendable. El enlace es el siguiente:
(https://www.youtube.com/watch?v=ErKmq6zZ030).
La simple mención del nombre
del profesor Gustavo Bueno, creador del sistema de pensamiento denominado materialismo filosófico, construido a partir de un constante intercambio de ideas y experiencias
entre las ciencias y la historia de la filosofía, tuvo en nosotros un inmediato efecto por nuestras vivencias personales. Nos
resultó inevitable rememorar nuestra época estudiantil y académica en Oviedo,
donde pudimos conocerle.
¡Las vueltas que da la vida!, ¿quién nos iba a decir que, medio siglo
después, una lección impartida en la Fundación que lleva su nombre, iba a resultar
de tanto interés por la convergencia con nuestras propias ideas, sobre un tema
de apariencia tan poco filosófica como el Calentamiento Global? La lección
mencionada contiene un análisis gnoseológico
sobre dicha materia, es decir, una evaluación filosófica de los
fundamentos y los límites del conocimiento disponible sobre esta temática que,
nos resulta imposible resistirnos a decirlo, coincide exactamente con los
postulados reiteradamente expuestos en nuestros artículos sobre este tema.
El mencionado análisis, con contantes referencias a los
informes del IPCC (Intergovernmental
Panel on Climate Change; sin lugar a dudas, los documentos más relevantes y
de mayor difusión al respecto), pone de manifiesto con una argumentación sólida
que las posibilidades de que se cumplan sus predicciones son tan sólo del 50%.
Es decir, que las probabilidades de acertar en sus pronósticos siguen las estrictas
leyes del azar, como el clásico ejemplo de lanzar la moneda al aire para que
salga cara o cruz, lo cual resulta totalmente inaceptable desde el punto de
vista científico.
El documento desgrana, de forma detallada y minuciosa,
las razones por las que resulta tan extremadamente difícil detectar el
problema, es decir, simplemente medir el Calentamiento Global y observar el
Cambio Climático. Caracterizar la evolución térmica del Planeta y registrar los
cambios de la temperatura media global, no es un problema sencillo. Porque en
realidad, no depende de observaciones y medidas directas, sino de la
integración de parámetros obtenidos en multitud de observatorios, con registros
temporales muy diferentes, con una distribución geográfica muy irregular y
metodologías muy diversas. Las
correcciones necesarias para homogeneizar la disparidad de las informaciones se
basan en métodos y modelos estadísticos, que introducen un círculo vicioso en
los datos. Se podría decir que los
modelos hacen los datos y los datos hacen los modelos, generando un
elevado nivel de incertidumbre en
las series de valores de temperatura que se utilizan.
Esa incertidumbre aumenta todavía más cuando, una vez
cuantificada la evolución térmica del Planeta, se intentan identificar cuáles
son las causas que originan el calentamiento detectado. Porque los
parámetros que controlan la evolución climática tienen entre ellos relaciones
tan complejas como desconocidas, y debe recurrirse de nuevo a las herramientas estadísticas
para su ajuste. En otras palabras, se deben introducir ponderaciones en los
datos, factores de corrección que modifican la importancia o la influencia en
el resultado final, de cada uno de los parámetros que intervienen en el modelo.
En este contexto, no debe
olvidarse que los modelos que se están utilizando para simular la evolución del
clima, están asignando una importancia crucial al nivel de CO2 en la
atmósfera, minimizando (o incluso ignorando) los parámetros relacionados, por
ejemplo, con las variaciones de la radiación solar. Si tenemos en cuenta que la ponderación
mencionada lleva asociada indisolublemente una manipulación de la información, es
pertinente analizar la metodología del tratamiento de los datos climáticos bajo
la óptica del materialismo filosófico y de la teoría ternaria de
la causalidad. Y como se ha mencionado anteriormente, este análisis
revela, atendiendo a que la correlación entre dos parámetros depende de los factores
externos que controlan dichas relaciones, que la reciprocidad entre
calentamiento global y emisiones de CO2 presentan elevados niveles
de incertidumbre. O sea, en lenguaje llano, que no se puede afirmar la
existencia de una relación causal genuina entre el nivel del CO2
atmosférico y el calentamiento global, aunque
ambas variables estén aumentando en las últimas décadas, porque no se
conocen los detalles de las interacciones entre todos los parámetros que
intervienen en el proceso de evolución climática.
Y esta falta de causalidad
genera que las probabilidades de que se cumpla o no una predicción basada en
dicha correlación sean tan sólo del 50%. Como es bien sabido, el hecho de que
dos variables cualesquiera correlacionen no quiere decir que, entre ellas,
exista necesariamente una causalidad. Por ejemplo, al mismo tiempo que ha
estado aumentando la temperatura durante las últimas décadas, también, de forma
paralela, lo ha hecho el número de obesos. A la vista de estas evoluciones
paralelas, podría pensarse que aumenta la obesidad de la población porque está
aumentando la temperatura, lo que, obviamente, no es cierto.
Pero además, existen también
otros motivos para explicar la falta de fiabilidad de los modelos de predicción
climática elaborados hasta la fecha. Desde un punto de vista conceptual, el
sistema climático debe considerarse como no lineal y caótico, y por lo
tanto, de predictibilidad muy limitada. Esto es lo que prescribe la teoría determinista
del caos, cuyo ejemplo más conocido es el famoso efecto mariposa. Como
precisó uno de los pioneros de dicha teoría, el matemático y meteorólogo Edward
Lorenz (ver Figura 1), la atmósfera es un sistema determinista pero caótico, por
lo que tan sólo poseemos un conocimiento aproximado de su funcionamiento, y en
esas condiciones, aunque el presente
determine el futuro, el presente aproximado no determina aproximadamente el
futuro.
De hecho, esta incapacidad está reconocida en el propio informe
del IPCC. Y, también, en consonancia, por la misma AEMET (Agencia Estatal de
Meteorología del Gobierno de España), al especificar en su página web,
dentro del apartado dedicado a las proyecciones climáticas para el siglo XXI, que existen todavía incertidumbres asociadas a
la evolución futura de las emisiones de los gases de efecto invernadero, a la
concentración de dichos gases en la atmósfera, a la simulación de los procesos
en el seno del sistema climático…,y que en consecuencia, AEMET no se hace responsable del uso o
interpretación que de su información hagan los usuarios de los datos. Es de suponer que este descargo de responsabilidad
debe resultar demoledor para los estudiosos de la evolución climática mediante
modelos de ordenador.
Durante los últimos años, muchos
científicos que investigan la evolución climática han intentado disminuir el
rango de incertidumbre, agrupando e integrando diferentes modelos (ensemble
multimodelo). Mediante esta técnica, se ha supuesto que los resultados serán más
robusto, más sólidos y más fiables, cuanto más convergentes sean sus predicciones.
Pero en realidad, desde el punto de vista estrictamente estadístico, el hecho
de que el 90% de los modelos sea coincidente, no permite afirmar que el
porcentaje de confianza sea del 90%, ya que los cálculos no están basados en
una muestra aleatoria simple, los modelos no son independientes (están
intrínsecamente relacionados entre sí),y
no son estadísticamente representativos de todos los resultados posibles.
Por último, a los grados de
incertidumbre ligados a las condiciones iniciales de observación (el mencionado efecto
mariposa) y a la ponderación de los datos en los modelos climáticos, debe
añadirse todavía la incertidumbre ligada a la evolución de los escenarios, que tanto
en lo que se refiere a la economía como a la política, resultan también totalmente impredecibles. Por ello, en el último
informe del IPCC, se ha cambiado la terminología, abandonando el uso del vocablo predicción, que ha sido
sustituido por el de proyección. Y este cambio terminológico no es simplemente de
carácter semántico, ya que tiene implicaciones significativamente prácticas.
El fracaso de los modelos climáticos
A pesar de las incertidumbres
descritas en los párrafos anteriores, el último informe del IPCC concluye taxativamente
que la evolución de la temperatura media del planeta, registrada desde mediados
del siglo XX, sólo puede ser explicada y justificada si el efecto invernadero
asociado a las emisiones antrópicas es tomado en consideración. Así, la gráfica
de la Figura 2 compara la evolución observada de la temperatura (curva marrón
superior) con la curva azul inferior, representa esta última cómo hubiese evolucionado
la temperatura del Planeta sin la intervención humana.
La gráfica muestra
claramente que, de acuerdo con las conclusiones del IPCC, el planeta no se
estaría calentando como lo está haciendo si no existiesen las actividades
antrópicas, a pesar de que los registros geológicos y astronómicos indiquen
todo lo contrario. Debe tenerse en cuenta que el ensemble
multimodelo utilizado para elaborar la gráfica de la Figura 2, sólo es capaz de
reproducir la evolución de la temperatura registrada durante el último siglo, cuando
los parámetros naturales y antrópicos se ponderan de una cierta manera.
Recurriendo de nuevo a la
visión gnoseológica del problema, no debe olvidarse que la supuesta correlación
entre la evolución de la temperatura y los parámetros antrópicos es puramente
estadística. Por lo tanto, no tiene por qué existir con una correspondencia
causal entre ellos, a no ser que ésta sea sólidamente argumentada, algo que los
defensores de esta correspondencia no hacen, y por lo tanto no se puede afirmar
la existencia de una relación causa – efecto entre el calentamiento global y las
actividades antrópicas. En realidad, es perfectamente posible que los ajustes introducidos
para calibrar los modelos respecto de la evolución climática del pasado siglo
(esas ponderaciones realizadas de cierta manera), no sean válidos para
predecir la evolución futura.
Durante las dos últimas
décadas, la realidad se ha encargado de ir demostrando, año tras año esta
incapacidad. Así ha sido puesto en evidencia por los repetidos fracasos de las sucesivas
predicciones, como ha sido ilustrado en el reciente artículo La nariz de Pinocho y los profetas del clima. También, la discrepancia entre la evolución
real de la temperatura y las predicciones de los modelos ha sido claramente
puesta de manifiesto por el Dr. John Christy
(ver Figura 3, ya utilizada en artículos anteriores), quien ha comparado las temperaturas observadas durante
el periodo comprendido entre 1975 y 2015 (líneas de círculos verdes, cuadrados
azules rombos rosados) con el promedio de las predicciones realizadas para ese
mismo intervalo temporal (línea roja).
Las grandes diferencias existentes entre las predicciones y la realidad, sugieren
que la calibración realizada en el ajuste de los modelos puede
ser válida para el pasado, pero carece de fiabilidad para el futuro. Este hecho,
hace inevitable preguntar: ¿se están
calibrando adecuadamente los parámetros antrópicos y naturales? Es decir, cuando
se introducen los factores de ponderación, ¿se están asignado valores realistas
a los parámetros astrofísicos y solares, o quizás se están exagerando los
factores antrópicos?
Si, como se ha afirmado
anteriormente de acuerdo con el materialismo filosófico, no se puede afirmar que
exista una relación causal genuina entre el nivel del CO2
atmosférico y el calentamiento global, y si los datos utilizados para poner a
punto los modelos son los mismos que se utilizan para
calibrarlo, se puede estar incurriendo en una especie de doble contabilidad.
En efecto, si los modelos
hacen los datos y los datos hacen los modelos, los resultados están alejando las
predicciones del comportamiento real de la naturaleza, de ese modelo no lineal
y caótico que es la evolución climática. Así lo sugiere la evolución reflejada
en la Figura 3, donde además es muy significativo que durante el periodo
comprendido entre
los años 70 y 90 del pasado siglo, las observaciones y los modelos coinciden
bastante bien, mientras que las diferencias entre ambos se inician al final del
siglo XX, precisamente cuando fue constituido el IPCC.
No deja de ser
significativo que estas reflexiones filosóficas, fundamentadas en un análisis
realizado según la doctrina del materialismo filosófico, sean
convergentes con las conclusiones derivadas de la evolución climática
registrada en la historia geológica de nuestro Planeta, tal y como ha sido
descrita en nuestros artículos anteriores. En
relación con la figura 4, es pertinente recordar dos hecho muy significativos.
En primer lugar, que de acuerdo con las mediciones reales y como se observa en
la gráfica, la temperatura del Planeta ha ascendido 0,3ºC entre 1980 y 2015 (25
años), lo que representa un promedio de 0,012ºC por año, un valor ínfimo que es
difícil considerar como preocupante. En segundo lugar, la dispersión de
resultados entre los diferentes modelos es muy grande, de forma que, para 2025
se pronostican aumentos que oscilan entre 0,8ºC y 1,5ºC, confirmando así la
escasa fiabilidad de los modelos.
Un análisis estadístico alternativo
Pocos días después de haber
seguido a través de Internet la lección impartida sobre Filosofía del Cambio
Climático en la Fundación Gustavo Bueno, llegó a nuestras manos un excelente y completísimo estudio realizado por la prestigiosa institución Statistics Norway,
la Oficina Central de Estadísticas
de Noruega. Casualmente, dicho estudio, tiene por título la misma
pregunta que se formulan los filósofos de la escuela de Oviedo y que muchos
geólogos nos estamos haciendo también desde hace tiempo: ¿En qué medida está
cambiando la temperatura terrestre como consecuencia de las emisiones de
gases de efecto invernadero? Dicho estudio, cuya lectura es también
encarecidamente recomendable, está disponible en:
En él, se incluye un minucioso análisis de los
registros meteorológicos existentes desde hace 250 años, así como de los datos proxies
para periodos más antiguos y de los modelos predictivos en uso. Sorprendentemente,
o quizás no lo sea tanto, los resultados de este análisis estadístico coinciden
con las puntualizaciones realizadas bajo el prisma del materialismo filosófico.
En efecto, Statistics Norway concluye que las emisiones de CO2 no
parecen ser suficientemente influyentes para causar las fluctuaciones de
temperatura que se observan en la evolución del Planeta. Además (y esto es lo
más importante), con el nivel actual de conocimientos, es imposible determinar
qué parte del aumento de la temperatura es producida por las emisiones naturales
de CO2
y qué parte se debe a las emisiones
antrópicas.
Este análisis estadístico incluye una serie de anexos,
donde figuran listados y gráficas que ilustran dichas conclusiones. Así, la
Figura 5, muestra la evolución de la temperatura media global durante los
últimos 420.000 años, reconstruida a partir de los sondeos en el hielo glaciar en
la base rusa de Vostok, en la Antártida, donde el valor “cero” representa la
temperatura media actual.
La gráfica de la Figura 4 muestra
con toda claridad (zonas coloreadas en rojo) que en la cima de los periodos
interglaciares, hace respectivamente 420.000, 340.000, 230.000 y 120.000 años,
cuando las actividades de los homínidos no tenían capacidad para alterar la
composición atmosférica, se alcanzaron temperaturas superiores a las de hoy,
hasta 3ºC por encima de los valores actuales, supuestamente críticas y peligrosas. En
esta misma figura se aprecia también que en los cinco ciclos apreciables de
calentamiento – enfriamiento, el aumento de la temperatura es siempre mucho más
rápido que la disminución, del mismo modo que está ocurriendo actualmente. Por
lo tanto, la supuestamente rápida y anómala velocidad del calentamiento
actual, tampoco representa una novedad.
Muy ilustrativa resulta también
la Figura 5, que permite comparar la evolución térmica registrada en
Groenlandia (gráfica inferior, de acuerdo con la reconstrucción realizada por Statistics Norway),
con la evolución térmica del Planeta según el último informe del IPCC (gráfica
superior).
Figura
5
Comparando ambas
evoluciones para el periodo correspondiente a los dos últimos milenios (tramo
comprendido entre las dos líneas rojas discontinuas verticales), se aprecia
como la gráfica del IPCC presenta un perfil prácticamente plano, sin
oscilaciones relevantes hasta el brusco ascenso térmico que aparece al inicio
de la época industrial. Por el contrario, la evolución térmica de Groenlandia
refleja grandes oscilaciones, con máximos que son sensiblemente más elevados
que los valores actuales. Debe recordarse que dichos máximos coinciden con
etapas cálidas contrastadas por datos históricos, como por ejemplo la registrada
durante la Edad Media, que permitió a los vikingos la colonización de
Groenlandia al inicio del segundo milenio, o el periodo cálido que acaeció
durante el Imperio Romano en el entorno del año cero. Ni tan siquiera la Pequeña Edad de Hielo, que duró casi cuatro siglos
desde finales del siglo XV a mediados del XIX, puede visualizarse en la gráfica
del IPCC.
Es indudable que la reducción de emisiones antrópicas a la atmósfera será beneficiosa, tanto para el Planeta como para todos sus habitantes, especialmente en el entorno de los núcleos urbanos y las zonas industriales. Pero hay evidencias indicativas de que esa mejora no es relevante para corregir, modificar o revertir de forma significativa la evolución térmica de la Tierra. A la luz de lo anteriormente expuesto, es inevitable formularse cinco preguntas, tan esenciales e imprescindibles como inquietantes:
- Puede considerarse representativa de la realidad la gráfica elaborada por el IPCC (parte superior de la Figura 5), donde no aparecen representados eventos climáticos importantes de cuya existencia se dispone de evidencias históricas?
- Por qué el IPCC afirma taxativamente (Figura 2) que la situación climática actual sólo puede explicarse mediante la intervención antrópica, mientras que Statistics Norway, utilizando exactamente los mismos datos, concluye que el efecto de las emisiones de CO2 no es suficiente para explicar las fluctuaciones de temperatura del Planeta?
- Si mediante el análisis gnoseológico de la ciencia del cambio climático, se concluye que existe una incertidumbre del 50% (es decir, que se rige por las leyes del azar) en los vaticinios climáticos de los modelos predictivos actuales, ¿por qué se le está exigiendo a la Humanidad cambios urgentes y drásticos en su comportamiento, arguyendo un consenso científico que está lejos de existir, y asumiendo una capacidad de modificar el comportamiento de la naturaleza que estamos lejos de poseer?
- Teniendo en cuenta las discrepancias existente entre las predicciones y la realidad, ¿no sería aconsejable una seria reflexión sobre la adecuación y conveniencia de las políticas acuciantes que se están implementando para (supuestamente)detener y revertir el calentamiento global?
- ¿Es posible que las diferencias entre las conclusiones alcanzadas por las tres entidades mencionadas a lo largo de este artículo sean debidas a que la Fundación Gustavo Bueno es una entidad de corte académico, el Statistics Norwayes una institución estrictamente técnica y el IPCC tiene inevitables connotaciones políticas?
Sin duda, como solían
decir los escritores decimonónicos, el sagaz lector sabrá encontrar por sí
mismo las respuestas adecuadas a estas preguntas. Y en último caso, si hay
dudas, modificando el famoso dicho francés, cherchez l´argent.
Articulos adicionales sobre esta misma problemática u otros temas relacionados con medioambiente y trasfondo geológico están accesibles en este mismo blog: Reflexiones Geológicas

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