Las energías del siglo XXI (Parte 2). Los hidrocarburos y el desarrollo de la Humanidad
Jose Antonio Sáenz de Santamaría Benedet y Enrique Ortega Gironés
¿Son los hidrocarburos energías sucias?
En unos artículos recientes hemos intentado explicar a nuestros pacientes lectores el estado general de la producción y consumo globales de energía y hemos puesto sobre la mesa el hecho de que la sociedad desarrollada en la que vivimos no puede (ni podrá en todo el siglo XXI) desligarse de los combustibles fósiles (gas, petróleo y carbón), que son básicos en todas las actividades económicas humanas (calefacción, transporte, producción de acero, cemento, etc. y electricidad) ni del uranio que es un elemento químico básico en la producción de energía eléctrica, obtenido de minerales presentes en la corteza de nuestro planeta. Los mensajes que se envían a la sociedad por parte de las organizaciones ecologistas, partidos políticos, etc., incluyen una falsa dicotomía entre energías “sucias” (combustibles fósiles) y “limpias” (eólica y solar). También se hace una dicotomía, asimismo falsa, entre energías “renovables” (nuevamente eólica y solar) y “no renovables” (nuevamente combustibles fósiles). Como bien decía Pablo Neruda, la palabra es un arma cargada de futuro y repetidas mil veces estas dicotomías, se ha instalado en la Sociedad la necesidad de huir de las energías “sucias” y “no renovables” para abrazar las mas tranquilizadoras energías “limpias” y “renovables”. Producido este cambio, en un futuro cuyo advenimiento no se concreta, viviremos en un mundo feliz, pacífico, estable y en comunión con la naturaleza.
Algún día tendremos que escribir un artículo para explicar lo “limpias” y “renovables” que son la energía eólicas y solar pero no es este el momento. Por el contrario nuestro artículo versará sobre los combustibles fósiles, en especial los hidrocarburos y sobre lo que la Humanidad les debe a estos compuestos que han hecho avanzar la civilización en los últimos 200 años mucho más que en todo el resto de la historia de la Humanidad.
Realmente, un ser humano del siglo XVI o XVII se parecía, en su forma de vida, trabajo y sociedad, etc., mucho más a un ciudadano del Imperio romano que a un ciudadano del mundo actual con todos sus adelantos científicos, técnicos, sanitarios, etc. Dicho de otro modo, los seres humanos del siglo XXI, con todos nuestros problemas por resolver, estamos a años luz de distancia en cuanto a civilización y desarrollo que de todo lo anterior a mediados del siglo XIX. Y en el salto técnico, económico y social tuvo muchísimo que ver la utilización de los combustibles fósiles que son el carbón (un combustible sólido), el petróleo (hidrocarburos sólidos y líquidos) y el gas natural.
En efecto, la Humanidad lleva consumiendo combustibles fósiles durante los últimos 250 años. El consumo se inició con el “carbón de piedra” que fue el combustible sobre el que, con la creatividad humana y la invención de la máquina de vapor, se basó la primera industrialización de la sociedad europea y los importantísimos cambios sociales y políticos que esta nueva forma de producción y organización de la Sociedad trajo consigo.
Los hidrocarburos (petróleo y
gas natural), aun conocidos desde muy antiguo en los países del golfo Pérsico,
no iniciaron su explotación y uso comercial hasta mediados del siglo XIX. De
hecho, el primer pozo comercial se perforó por Edwin Drake en 1859 en
Pennsilvania (Figura 1).
Figura 1.- Primer pozo de petróleo comercial perforado por Edwin Drake en el valle de Oil Creek (Pennsilvania) en 1859. Se realizó por el método de percusión con cable y cuchareo. Se tardaron varios meses en alcanzar los 21 metros de profundidad.
Así pues los hidrocarburos se
empezaron a utilizar hace unos 160 años pero no fue hasta después de la IIª
Guerra Mundial y el desarrollo económico posterior a ella que la investigación
geológica, la producción y el consumo de petróleo adquirió las características
masivas que conocemos hoy. En estos últimos 75años, el mundo ha pasado de
producir y consumir unos 40 millones de barriles por día a los actuales 98
millones de barriles (se cree que en 2023 se alcanzará la producción de 100
millones de barriles por día). Son cifras asombrosas que resultan
irremplazables en la economía mundial. En cuanto al gas natural, la historia es
similar pero va desfasada en el tiempo respecto a los hidrocarburos líquidos.
El éxito del gas natural tanto en las calefacciones como en la producción de electricidad (ciclos combinados) y en otros procesos industriales es cosa de los últimos 40 años. No quisiéramos acabar este párrafo sin citar a los pobres y modestos hidrocarburos sólidos: los asfaltos, de los que nadie habla pero cuya importancia es estratégica. En efecto, sin los asfaltos que no son más que hidrocarburos constituidos por largas cadenas de átomos de carbono, de alto peso molecular que los hacen muy viscosos, no sería posible nuestra movilidad terrestre. Para que se hagan una idea, se necesita una tonelada de asfalto (mezclada con grijos de distintos tipos y tamaños) por cada metro lineal de carretera. Calculen cuanto asfalto hemos distribuido por el solar patrio y también por el mundo civilizado. Nadie, ni siquiera los ecologistas que circulan por nuestras carreteras, se hace eco de este punto.
Como decíamos al principio, en estos 250 años y gracias a los combustibles fósiles la Humanidad ha experimentado el mayor progreso de toda su historia. Los combustibles fósiles han impulsado nuestra civilización. Es más, con su aportación al desarrollo y progreso económico de la Humanidad, los combustibles fósiles, en acertada frase, han salvado a la Humanidad de la Naturaleza siempre dura y exigente con sus criaturas y, por otro lado, han salvado a la Naturaleza de la Humanidad. Imagínense sino a la Humanidad moderna calentándose con madera procedente de los bosques por falta de hidrocarburos: El grado de deforestación sería absoluto.
Los hidrocarburos y la historia de la Humanidad
Quizás la última frase del párrafo anterior les haya resultado drástica pero resulta muy real. En efecto, hasta épocas muy recientes la Humanidad ha estado a merced de la Naturaleza. La historia humana ha estado muy influida por los desastres naturales, por las sequías y las inundaciones, por las enfermedades contagiosas, etc. En una palabra, por los desafíos de la Naturaleza. Estar a merced de los fenómenos naturales implicó la falta de desarrollo de la Humanidad, la economía de supervivencia, la falta de creación de riqueza, la mortalidad infantil, la falta de crecimiento de la población, etc. La imposibilidad de mejorar la producción de alimentos y la falta de tiempo para crear tecnología que nos permitiera desligarnos de la economía de supervivencia condujo, durante siglos, a un desarrollo humano muy poco eficiente.
A partir del descubrimiento de los combustibles fósiles, junto a la creatividad humana para crear tecnología que los aprovechara, la Humanidad empezó a conseguir independizarse de la Naturaleza. El progreso humano siempre se ha sustentado en la utilización de energía abundante y barata. Los hidrocarburos, en concreto, son fuentes energéticas concentradas, abundantes, baratas y fiables que han conseguido, en los últimos 200 años, hacer despegar a la civilización humana. En la Figura 2 se recoge la evolución histórica de los tres factores que mejor expresan el progreso humano. A saber, esperanza de vida, población y producto interior bruto (P.I.B.) per cápita. Este último es un indicador de la capacidad de la sociedad para producir riqueza.
Como se puede observar en la gráfica, hasta el año 1750, en una era preindustrial, el 30% de la población no conseguía superar los 35 años de vida. La población humana no crecía y tampoco lo hacía su bienestar y su riqueza. El progreso hacia un incremento exponencial de todos los parámetros citados se produce con el descubrimiento y la utilización de los combustibles fósiles que nos han convertido en la Sociedad moderna que conocemos. De hecho, y gracias a esto, la Humanidad vive hoy su momento de mayor desarrollo y expansión.
Una breve historia de la Humanidad, de acuerdo con lo anterior se podría resumir así: Hasta el siglo XV la esperanza de vida no superó los 25 años. Ni la Grecia clásica, ni el Imperio romano ni la coetánea civilización egipcia consiguieron superar esa barrera. Fueron civilizaciones cultas que desarrollaron las ciencias, las matemáticas, la filosofía, etc. pero estaban limitadas por la falta de tecnología que les liberase del yugo natural y del trabajo manual y esclavo. Así, de acuerdo con GOKLANY (2012, Humanity Unbound: How fossil fuel saved Humanity from Nature y Nature from Humanity. Cato Institute, Washington. Policy Analisis, nº 715) del año 0 al año 1.000 de nuestra era la población humana paso de 230 a 270 millones de habitantes manteniéndose el desarrollo y la riqueza en niveles muy bajos. La Humanidad subsistió durante este período en la pobreza sin ninguna capacidad de influir sobre su destino.
Figura 2.- El progreso humano: Esperanza de vida, población, riqueza y emisiones de CO2. Fuente: Goklany. I (2012, op. cit.)
En los siglos XVI, XVII y XVIII (hasta 1750) la Humanidad empezó a florecer. El descubrimiento de la imprenta y el método científico, el desarrollo del comercio y del transporte, el desarrollo de algunas medicinas y de conocimientos médicos, etc. hicieron que la Humanidad progresara: la esperanza de vida en 1750 aumentó ligeramente hasta los 30 años y la población alcanzó los 750 millones de habitantes. Sin embargo, la Sociedad seguía sometida a las energías tradicionales (leña y carbón vegetal), al transporte animal y a los barcos de vela y al trabajo manual. Algo faltaba para conseguir un impulso definitivo.
La Humanidad solo empezó a progresar exponencialmente a partir del descubrimiento y utilización de los combustibles fósiles, Su presencia produjo una revolución industrial, energética y humana que aun disfrutamos hoy. De hecho, la Humanidad vive el momento más esplendoroso de toda su historia con unos 7.000 millones de habitantes. Así, en los últimos siglos todos los parámetros asociados al bienestar humano (esperanza de vida, aumento de la población y renta per cápita) presentan un desarrollo acelerado y progresivo mientras que se han controlado parámetros indeseables que han “torturado” a la Humanidad durante siglos como la mortalidad maternal e infantil, la malnutrición y la pobreza. A este respecto, el paralelismo entre las curvas de emisiones de CO2 y los parámetros asociados al bienestar humano (Figura 2) denota una evidente relación causa - efecto entre el consumo de combustibles fósiles y el progreso de la Humanidad.
Los hidrocarburos. La energía de nuestra
civilización presente y futura.
Así pues y de acuerdo con lo
anterior, los hidrocarburos se han convertido en la base de nuestro sistema
económico, social y de desarrollo. Pero, ¿Cuáles son las razones de este
éxito?. Podríamos hablar de múltiples aspectos, pero principalmente, los hidrocarburos
son una fuente de energía concentrada, abundante, barata y fiable.
Nunca, a lo largo de la historia de la Humanidad, hemos sido capaces (ni aún ahora) de encontrar una fuente de energía cuyo rendimiento y eficiencia se acerque, ni de lejos, a los hidrocarburos. Además, los hidrocarburos son muy versátiles en su uso y, junto con la creatividad humana que ha desarrollado conocimiento y ha inventado múltiples tecnologías para su aprovechamiento, se ha generado un círculo virtuoso entre nosotros y ellos que ha conducido al éxito de la civilización y al desarrollo. En la Figura 3 intentamos resumir de forma esquemática la relación entre el progreso y la utilización de hidrocarburos.
Por último, es justo señalar que el desarrollo humano a partir de los hidrocarburos es un legado de los países de Europa Occidental que se transmitió a las colonias que los mismos tenían en otras latitudes y continentes, generalizándose las técnicas y los usos y dando lugar al desarrollo global que hoy observamos.
Como hemos visto, la Humanidad ha entrado en un círculo virtuoso en el cual el Capital Humano (personas con sus conocimientos) junto con el capital financiero (el incremento de riqueza) produce un desarrollo que se incrementa exponencialmente. ¿Hasta cuándo?. Es difícil predecirlo pero, de momento, el progreso es infinito o casi. Este círculo virtuoso de progreso deberá seguir en el futuro si queremos alimentar, vestir y dar una vida digna a los 9.000 millones de personas que se esperan para mediados del siglo XXI. Es una obligación moral a la que no podemos sustraernos. Las generaciones anteriores nos han demostrado que este objetivo no es difícil. Solo debemos tener las ideas y los objetivos claros, tomar las decisiones adecuadas y manejar unas fuentes de energía concentrada, abundante, barata y fiable. El progreso humano se ha basado hasta la fecha en la disposición de fuentes de energía, alimentos, ropas y textiles, materiales de construcción, transporte de personas, mercancías y maquinarias. Sin los combustibles fósiles en general y los hidrocarburos en particular este desarrollo no hubiera sido posible y, a fecha de hoy, las cosas no han cambiado.
Los hidrocarburos y la seguridad
energética.
En la actualidad la Humanidad está compuesta por 8.000 millones de personas (según recientes informaciones de la O.N.U.) de los cuales, aun hoy, unos 1.000 millones no tiene acceso a la electricidad. A mediados de siglo la población mundial se estima en unos 9.000 millones. Para cubrir las necesidades de esta población necesitamos y necesitaremos cantidades de energía que la Humanidad no ha conocido con anterioridad.
Figura 3.- Los hidrocarburos en el ciclo del progreso. Fuente: Goklany. I (2007) “The improving State ofthe World”.
Previamente a la era de los hidrocarburos, la Humanidad obtenía su energía y combustibles del trabajo humano y animal en ocupaciones agrícolas, ganaderas e industriales, de la explotación vegetal (madera, leña y biomasa) así como del viento, el agua y la geotermia (estos tres últimos en porcentajes mínimos). Todo esto fue sustituido por los hidrocarburos con el resultado conocido y, dado el incremento de la población y el grado de desarrollo, volver atrás ya no es posible.
En efecto en la actualidad y como ya expresamos en un artículo anterior (La energía en el siglo XXI), la Humanidad consume unos 13.800 Millones de toneladas equivalentes de petróleo por año (Mteqp/año). Si se prescindiese de los hidrocarburos la energía tendría que obtenerse del carbón y la madera, de la nuclear y la hidráulica y de la eólica y solar. Todas estas energías afectarían al planeta con una deforestación galopante, una ocupación inmensa de terrenos y un consumo desaforado de materiales cuyas reservas son escasas y muy poco conocidas a nivel mundial (litio, cobalto, cobre, neodimio, tierras raras, etc.). La presión humana sobre el medio ambiente sería muy grande y, con toda probabilidad, nuestro desarrollo acabaría destrozando la Naturaleza. Como ya dijimos los hidrocarburos están salvando al Hombre de la Naturaleza y a la Naturaleza del Hombre.
Así, por ejemplo, en la Figura 4 se recoge la aportación de la energía eólica y solar a la producción total de energía eléctrica en Alemania durante un año (2013). Aunque el desarrollo de estas energías está haciendo que su porcentaje en el mix eléctrico aumente, los valores son tan bajos que difícilmente podrán llegar a ser mayoritarios y a sustituir a otras tecnologías basadas en combustibles fósiles, nuclear o hidroeléctrica. Como ya se ha dicho en artículos anteriores ya citados y publicados en Entrevisttas.com la energía eléctrica solo representa el 20% de toda la energía consumida por la humanidad en un año.
Figura 4.- Las energías renovables (solar y eólica) que se utilizan para producir electricidad son energías intermitentes y diluidas que no pueden asegurar la totalidad del suministro eléctrico que solo representa el 20 % de la energía primaria que se consume en el mundo.
Como se recoge en la Figura 5, las energías renovables que, como se ha dicho, son energías intermitentes
y diluidas son muy intensivas en la ocupación de terrenos y en la utilización
de materias primas y energía para su instalación. En la figura se recoge una
comparativa sobre la cantidad de hierro y acero que se necesitan para la
instalación de un Megawatio de potencia. Otras comparativas posibles son
también muy desfavorables para este tipo de energías.
Como ya se ha dicho, la Humanidad consume unos 13.800 MTep/año. De acuerdo con la Figura 6, un 85,52 % son combustibles fósiles, de los cuales un 28,11% es carbón y un 57,41 % son hidrocarburos (petróleo y gas). El resto de energías primarias que se usan en exclusiva para producir electricidad, representan un 15,48 % y, las tan traídas y llevadas energías renovables (eólica y solar) representan únicamente un 3,16%, como fue ya explicado en un artículo anterior. Únicamente queremos volver a resaltar la inutilidad de pretender renunciar o descartar los combustibles fósiles como la energía básica de nuestro sistema económico a nivel mundial. Con suerte y para mediados de siglo se conseguirá reducir su uso hasta niveles del 70 o el 75% del total.
Así pues, la vida, el bienestar y el progreso humano se sustentan hoy y se sustentarán en el futuro en el consumo masivo de energía que, en un porcentaje muy mayoritario, es y será gas, petróleo y carbón. Prescindir de los combustibles fósiles como muchos pretenden desde hace un par de décadas, supondría paralizar el progreso humano a nivel global con una enorme pérdida de riqueza sobre todo en los países del primer mundo y, lo que es peor, con un fuerte incremento del subdesarrollo, la pobreza e incluso la muerte en los países no desarrollados.
Figura 5.- Las energías renovables (solar y eólica) son muy intensivas en el consumo de energía, materias primas minerales y terreno para su instalación.
Figura 6.- Distribución por tipos de combustibles de la energía primaria consumida a nivel global. Las energías renovables (solar y eólica) son un porcentaje muy pequeño del total y la dependencia de los combustibles fósiles es muy grande. Fuente: BP Statistical Reviewof World Energy 2017.
Figura 7.- Relación entre consumo de energía y desarrollo humano. Fuente: Exxon Mobile a partir de datos de la O.N.U. (2014).1 millón de B.T.U. son 252 termias o 252.000 kilocalorías o 292 Kilowatios hora
Un aspecto clave del desarrollo humano ha sido la capacidad de alimentar a una población creciente que empezó el siglo XX alrededor de 1.700 millones de personas y ha llegado a los 8.000 millones actuales (según recientes informaciones de la O.N.U.), estimándose una población de unos 9.000 millones para el año 2050. Para conseguirlo se ha aumentado de forma drástica la productividad de los cultivos y la ganadería lo que ha mantenido estabilizado o en un grado de crecimiento bajo la cantidad de hectáreas de terreno que se dedican a la agricultura y la ganadería. Recuerden que los hidrocarburos salvan a la Naturaleza del Ser Humano.
El incremento de la productividad de las industrias agrícola y ganadera se ha basado, nuevamente y en los últimos 150 años, en la disponibilidad de hidrocarburos (Figura 8) y en la creatividad y conocimiento de los seres humanos. Así, se basan en ellos los tan denostados fertilizantes que se elaboran a partir del gas natural (proceso Haber-Bosch, reacción química entre nitrógeno atmosférico e hidrógeno gaseoso para producir amoníaco (NH3) que es el precursor de los abonos nitrogenados) y que permiten alimentar al 48% de la Humanidad. Los pesticidas también obtenidos a partir de hidrocarburos permiten mantener entre el 50 y el 75% de las cosechas. Junto con estas aplicaciones petroquímicas debemos señalar que toda la maquinaria agrícola y ganadera que permite una alta productividad se mueve con gasolinas y gasóleos.
También se ha producido una importante evolución en los procesos de conservación de alimentos mediante la refrigeración (sin la cual perderíamos un tercio de nuestros alimentos) y mediante el empaquetado y conservación con contenedores de plástico, cerámica, cartón, etc. Estos temas, refrigeración, empaquetado y conservación, se basan directamente en los hidrocarburos y son intensivos en el consumo de energía. Por último, el transporte de alimentos, rápido y seguro, se basa en el consumo de gasolinas y gasóleos. Así mismo, se ha mejorado mucho en la producción de alimentos desde el punto de vista de la eficiencia energética. Se producen cada vez más alimentos por unidad de terreno cultivable y con menos gasto de energía, como se recoge en la Figura 9.
Figura 8.- Evolución en el tiempo de las personas alimentadas por unidad de superficie cultivada humano. Fuente: Datos recopilados de Marcus J. Hamilton, Bruce T. Milne, Robert S. Walker; James H. Brown; B.H.Slicher Van Bath; Food and Agriculture Organization (F.A.O.)
Figura 9.- Evolución en el tiempo de la eficiencia energética en la producción de alimentos. Energía usada por unidad de cosecha. Fuente: Datos de United States Departament of Agriculture.
No nos resistimos, en este punto, a realizar un homenaje a Norman Borlaug (1914-2009) que es, probablemente, la persona que más vidas humanas ha salvado a lo largo de la Historia. Premio Nobel de la Paz en 1970, nació en Iowa (Estados Unidos) y estudió en la Universidad de Minnesota. Fue Ingeniero forestal, genetista y fitopatólogo. Es considerado, junto con otros, el padre de la agricultura moderna y de la Revolución Verde. En 1944, financiado por la Fundación Rockefeller y el Gobierno de México, reformó la agricultura mejicana desarrollando nuevas variedades de trigo más resistentes y productivas capaces de dar varias cosechas por año, multiplicando la producción por cuatro en 20 años. Sus esfuerzos se dieron también en India, Pakistán y Filipinas creando nuevas variedades de arroz, maíz y otros cereales lo que duplicó la producción de granos en esos países. Sin la Revolución Verde de Borlaug millones de personas habrían muerto de hambre (o no hubieran nacido) y la agricultura necesitaría el doble de terreno del que hoy ocupa. Como es evidente, los hidrocarburos han tenido mucho que ver en la revolución verde y el incremento de la productividad agrícola (producción de fertilizantes, energía para los procesos, maquinaria movida por ellos, etc.).
Figura 10.- Evolución de la productividad de la tierra (toneladas de grano por hectárea) desde el año 1300. Fuente: N.B.J. Koning et alt. “Long-term global availability of food: continue dabundance or new scarcity?”. NJAS Wageningen Journal of Life Sciences 55 (2008) pag.: 229-292.
Los hidrocarburos y la producción de ropas y textiles.
No consideramos necesario explicar que los 8.000 millones de seres humanos necesitamos una gran cantidad de ropa y textiles con los que cubrirnos así como acondicionar nuestras casa con ropa de cama, alfombras, cortinas, etc. que hacen nuestra vida más confortable, segura y libre de enfermedades producidas por condiciones adversas de humedad y frío. Pues bien, hasta el descubrimiento de los hidrocarburos toda la ropa y textiles utilizados eran fabricados con fibra vegetal cultivada (algodón, lana, yute, seda, lino, etc.) y con pieles de animales. Las fibras sintéticas (poliéster, nylon, fibras acrílicas, etc.) fueron desarrolladas y comercializadas en el siglo XX y son todas derivados de los hidrocarburos. Representan actualmente el 60% de todas las fibras fabricadas en el mundo y tienen unas prestaciones y cualidades mucho mejores que las naturales especialmente en climas extremos.
Por otro lado de las fibras naturales actualmente producidas, el algodón representa el 80% y está sujeto a las mismas dependencias de los cultivos alimenticios respecto a los hidrocarburos. Fertilizantes y pesticidas que permiten una alta productividad de este cultivo se obtienen del petróleo.
Los materiales de construcción son tan críticos para la supervivencia del Ser humano como la comida, la energía y la ropa. Dada la población actual y la prevista para 2050 de la que ya se ha hablado necesitamos producir ingentes cantidades de materiales de construcción. Desde este punto de vista son materiales de construcción los minerales metálicos, no metálicos y las rocas industriales cuya extracción implica grandes consumos de combustibles fósiles. También empleamos en construcción numerosos materiales sintéticos, plásticos y otros directamente desarrollados a partir del petróleo. Otros como el vidrio, los ladrillos y el cemento dependen de los hidrocarburos para su fundición o cocido en hornos a gran temperatura.
El incremento de producción de materiales de construcción en los últimos 120 años ha sido espectacular a nivel global. Así y de acuerdo con datos del gobierno de Estados Unidos, el país produjo 144 millones de toneladas de estos materiales en 1900 mientras que en 2006 se produjeron 3.800 millones de toneladas. El incremento en la producción de este tipo de materiales corre paralelo al incremento del bienestar humano y de nuestro desarrollo. Seguirá así en el futuro durante todo el siglo XXI. Afortunadamente para nosotros y para la Naturaleza la mayor parte del incremento en la producción de estos materiales depende de recursos inorgánicos (calizas, granitos, arcilla, arena, etc.) y de otros desarrollados por la petroquímica de los hidrocarburos. Por otro lado, la extracción y producción de minerales metálicos, no metálicos y rocas industriales, etc. son procesos altamente intensivos en consumo de energía y dependen, nuevamente, de los combustibles fósiles.
El conocimiento básico y aplicado, el conocimiento científico y tecnológico está en la base del desarrollo de la sociedad humana moderna. El conocimiento, las ideas, es uno de los pilares básicos del ciclo de progreso que la Humanidad ha experimentado en los últimos 150 o 200 años. Siguiendo las ideas expresadas por GLOJANY (2012, Op. cit.) podemos decir que los hidrocarburos han contribuido con intensidad al aumento en la cantidad y calidad de las ideas que nos han permitido desarrollarnos. Y lo han hecho de múltiples y diversas formas que describimos, brevemente, a continuación.
En primer lugar, permitiendo el incremento explosivo de la población. Sin hidrocarburos no habría suficiente comida, como ya se ha señalado, ni suficiente transporte de bienes, ni una sanidad eficaz, etc. La población sería más reducida, con menor sanidad y más preocupada por su supervivencia que por su desarrollo. Menor población implica menos ideas y desarrollo y una tecnología inferior a la que hoy poseemos.
En segundo lugar, aumentando la esperanza de vida. Las ideas complejas y la mejora continuada de la tecnología requieren períodos de formación de los seres humanos largos que son incompatibles con esperanzas de vida cortas.
En tercer lugar, permitiéndonos gozar de una mejor salud. Aunque la población hubiera crecido, con menos o peores alimentos la población tendría una salud deficiente. Peor salud implica peores habilidades para crear y retener tecnologías y un “capital humano” de inferior calidad.
En cuarto lugar, permitiéndonos disponer de energía mecánica. Las ideas en sí no son suficientes. Es necesario transformarlas en objetos útiles. Para la fabricación de objetos se necesita capacidad física y mecánica. La mecanización del trabajo y la fabricación ha sido un hito en el desarrollo humano y ha sido propiciada por la disposición de combustibles fiables, baratos y seguros. Nos hemos liberado de los trabajos físicos y de la lentitud y baja productividad de los mismos permitiéndonos ser más creativos.
En quinto lugar, permitiéndonos disponer de una buena iluminación. La falta de iluminación durante 10 horas al día ha sido un problema de la Humanidad durante siglos para el trabajo y la generación de conocimiento. Hoy es una cuestión obvia en los países desarrollados que pueden ejercer trabajos, estudios, etc. ininterrumpidamente. En esto, los combustibles fósiles han tenido un papel determinante. Disponer de buena iluminación es capital para el desarrollo humano: nos da más tiempo para formarnos y ser creativos.
En sexto lugar, desarrollando el transporte y el comercio. El comercio es el método ideal para desarrollarnos. Lleva nuevas tecnologías y productos a otras zonas e importa tecnologías y productos desde ellas. Este intercambio se realiza mediante el transporte terrestre, marítimo y aéreo. También con el transporte de personas. El comercio genera nuevas ideas y aumenta la especialización y preparación del capital humano.
En séptimo lugar, desarrollando nuevas formas de comunicación. La rapidez y el alcance de las comunicaciones es otro de los aspectos clave en la generación de ideas, tecnología y desarrollo. Nuevamente, los teléfonos, la prensa, las televisiones, internet, etc. se basan en la disponibilidad de energía segura, fiable y barata. En 2007, la industria global de la comunicación ya suponía el 2% de las emisiones globales de CO2. En 2010, los servidores y centros de datos suponían el 1,3% de la electricidad consumida en el mundo generada, en un porcentaje importante, con gas y carbón. Disponer de comunicaciones globales casi instantáneas está acelerando la generación de ideas, tecnología y desarrollo humano.
En octavo lugar, desarrollando una condiciones de vida confortables para el Ser Humano. En efecto, el grado de comodidad del que disfruta el Ser Humano en el siglo XXI (refrigeración, calefacción, iluminación, aislamiento doméstico, etc.) es muy alto y es creciente. Constituye un importante factor que ayuda a desarrollar el capital humano. Sin este grado de confort la productividad humana en el trabajo, la ciencia, la técnica, etc. se vería muy disminuida. La rapidez y el alcance de las comunicaciones son otro de los aspectos clave en la generación y transmisión de ideas.
Como resumen de todo lo anterior y a fuer de que nos consideren ustedes reiterativos, podríamos decir que los hidrocarburos son el combustible necesario para la creatividad humana, nos permiten crear e intercambiar ideas, crear e implantar nuevos recursos tecnológicos, desarrollar todas nuestras capacidades intelectuales y, en definitiva, ser más libres.
Además, como ya hemos dicho, los combustibles fósiles están salvando a la Naturaleza de nosotros. Sin ellos, la presión de los Seres Humanos sobre el medio ambiente sería extraordinaria pues necesitaríamos mucha mayor superficie de tierras cultivables para generación de alimentos y otras tantas dedicadas a la generación de energía (eólica y solar) y fibras textiles. Nuestros bosques serían esquilmados para la producción de madera y biomasa para energía, etc.
Por último, nos remimos a la Figura 11 en la que se recogen, para el año 2017, los porcentajes de los distintos tipo de energía usados por la Humanidad. El 85 % de la energía consumida procede del petróleo, del gas y del carbón. Las energías renovables (eólica y solar) solo representan, a nivel global el 3 % de la energía total consumida. Pensar en un futuro basado en estas energías con nuestro nivel de desarrollo humano es, sencillamente, una utopía. Nadie, por otro lado, se opone a su investigación e implantación que es muy importante. Sin embargo, demonizar al 85 % de nuestro consumo de energía global parece bastante inconveniente. Con suerte y para mediados de siglo se conseguirá reducir su uso hasta niveles del 70 o el 75% del total.
Figura 11.- Distribución por tipos de combustibles de la energía primaria consumida a nivel global. Las energías renovables (solar y eólica) son un porcentaje muy pequeño del total y la dependencia de los combustibles fósiles es muy grande. Fuente: BP Statistical Review of World Energy 2017.
El presente artículo está basado, en parte, en las conferencias impartidas por nuestro compañero D. Juan García Portero, Geólogo especialista en petróleo y gas perteneciente al Ente Vasco de la Energía (E.V.E.), en el marco del V Curso de Hidrocarburos No Convencionales celebrado en la Escuela de Ingenieros de Minas de la Universidad de Oviedo en el año 2018. Por sus aportaciones originales en dicho curso y su permiso para su reproducción total o parcial los autores quieren dejar aquí constancia de su agradecimiento.
Articulos adicionales sobre esta misma problemática u otros temas relacionados con medioambiente y trasfondo geológico están accesibles en este mismo blog: Reflexiones Geológicas
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